Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 6 de octubre, 2020.- Miguel Ángel Félix Gallardo, El Padrino, capo de capos de la mafia, fue detenido el 18 de septiembre de 1989, por el comandante Guillermo González Calderoni. A través de los años, entabló relaciones con Félix Gallardo e incluso, aunque González Calderoni lo negó siempre, llegaron a ser compadres. Ello, en su momento, le dio mayores libertades al capo para operar a gran escala y sin problemas.  

Como ocurre en la captura de los grandes narcotraficantes, el gobierno estadounidense presionó al mexicano para que fuera capturado Félix Gallardo. La orden fue dada por Carlos Salinas de Gortari. La recibió Enrique Álvarez del Castillo y éste a su vez, quien sabía de las relaciones de González Calderoni, lo llamó y le ordenó que se valiera del compadrazgo para llegar hasta el capo, a la vez que le advirtió que se trataba de una orden presidencial, por lo que no podía fallar.  

Paradójicamente, tan sólo una semana antes de su captura, Félix Gallardo había compartido el pan y la sal con la plana mayor de la Policía Judicial en lujoso restaurante de la Zona Rosa. Con más de un centenar de hombres, el 6 de abril de 1989, salió a Guadalajara, Jalisco, concretamente al fraccionamiento Los Arcos, llamado irónicamente por los lugareños como Los Narcos. Acordonó el lugar. Rodeó la residencia de Félix Gallardo y tomaron la casa por asalto. Ante el exceso en las acciones, Félix Gallardo reclamó airado al comandante quien le dijo: “Compadre, me va a perdonar, pero se trata de órdenes del presidente. Hay presión de los gringos y no hay de otra. Así es de que me lo voy a jalar”.  

Impotente y dolido por la traición, Félix Gallardo aceptó su derrota y sólo pidió que no tocaran a su esposa.  Para ello entregó 8 millones de dólares a su compadrito, quien no tuvo empacho en guardárselos y si bien no tocó a su comadre, sí le permitió a su gente que ejecutara la viciada práctica del botín den guerra, apoderándose de todo lo de valor que encontraron en el domicilio.  

Las exigencias habían sido cumplidas y como premio, se le designó director general de Operaciones Antinarcóticos. Fue a partir de ese puesto cuando entabló relaciones con funcionarios y elementos de la DEA, colaborando para detener a mexicanos y entregárselos vía fast track a las autoridades estadounidenses.  

Uno de esos casos fue el del doctor Humberto Álvarez Machaín, quien fue prácticamente secuestrado en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, por gente de González Calderoni, en acatamiento a las órdenes del agente de la DEA Claudio de la O., con quien el comandante mexicano colaboró en infinidad de capturas y traslados ilegales a la Unión Americana.  

El galeno fue llevado a los Estados Unidos, acusado de supervisar las torturas a que fue sometido el agente de la DEA Enrique Camarena Salazar, “para que soportara más el castigo”. Se le sometió a proceso, permaneció varios años tras las rejas en una prisión estadounidense y finalmente fue totalmente exonerado.  

Los mexicanos René Martín Verdugo Urquídez y Rubén Zuno Arce, éste último condenado a más de 250 años de prisión (murió a los 83 años en una prisión de Florida), fueron otros de los capturados de manera ilegal y llevados al vecino país sin que mediara ningún trámite oficial.  

El comandante Calderoni se convirtió en el “superpolicía”. El 5 de julio de 1989 detuvo al comandante Rafael Chao López, posteriormente al también comandante Frank Miller quien operaba en Guerrero, en el sexenio de José Francisco Ruiz Massieu la presencia del narcotráfico se intensificó y se convirtió en el primer productor de amapola del país, dos comandantes de la Policía Judicial Federal encargados específicamente de combatir el narcotráfico fueron detenidos por su misma corporación.  

Uno de ellos, Frank Miller, fue señalado en los testimonios del juicio que se tuvo lugar en Houston, Texas, para confiscarle a Mario Ruiz Massieu nueve millones de dólares., Miller afirmó que presenció cuando Mario Ruiz Massieu entregaba las ganancias de la droga, “en beneficio de José Francisco Ruiz Massieu”. Miller llegó a Acapulco como primer comandante de la Policía Judicial Federal.  Meses después, González Calderoni, detuvo al ex director de la Interpol, Jorge Miguel Aldana Ibarra.  

Otra de las detenciones ilegales en la que no hubo el pedimento oficial a la Secretaría de Relaciones Exteriores ni a la Procuraduría General de la República, fue la de Oscar Lewys Ray. Este hombre, según el FBI, era uno de los 10 delincuentes más buscados en el mundo, acusado de conspiración, homicidio, asalto y uno de los miembros más sanguinarios del grupo racista Ku Kux Klan.  

Su último “triunfo”, en julio de 1992, fue la captura del narco Juan Manuel Pineda Trinidad, uno de los siete barones de la droga más buscados en América, sin embargo, su buena estrella comenzaba a eclipsarse. Antes, en 1991 luego de que lo propusieran como agregado de la PGR en San Antonio, Texas, fue rechazado tajantemente por el gobierno de los Estados Unidos al señalarlo como uno de los principales protectores del Cártel del Golfo.  

Los cambios registrados en la PGR y la llegada como procurador de Jorge Carpizo MacGregor, lo hicieron temer por su estadía dentro de la dependencia, por lo que el 15 de octubre de 1992 solicitó licencia como comandante de la PFJ y se fue a los Estados Unidos. Sus presentimientos tuvieron fundamento. El 12 de febrero de 1993 la PGR dio a conocer que se había girado orden de aprehensión en contra de Guillermo González Calderoni por el delito de falsedad en declaraciones de situación patrimonial y se dijo que la fortuna del ya entonces ex comandante, ascendía a no menos de 400 millones de dólares, cifra que, obviamente, no hubiera podido reunir con su salario de policía, además de que poseía varios inmuebles y una empresa transportadora con una importante flotilla de tractocamiones.  

El 7 de febrero  de 2003, un balazo atravesó la ventanilla del Mercedes Benz, de González Calderoni. Tenía mucho que decir sobre el narcotráfico. A González Calderoni le perdieron las cosas caras. Su sueldo era alto pero no daba para casonas, lujosos coches, relojes de oro, trajes italianos, viajes de placer y periódicas fiestas con sus amantes. Las joyas, las pieles, los automóviles y hasta algún apartamento sepultaron a las mujeres cortejadas, y otros dinerales forjaron su estilo de vida. Tenía orejas donde había que tenerlas.