Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 10 de octubre, 2020.-El ex presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Genaro David Góngora Pimentel, tuvo el tiempo y sobre todo el valor de escribir sus memorias. La obra lleva por títuloLos Supremos de la Corte. Este texto fue editado en el año 2019, en sus páginas expone casos de corrupción de jueces y magistrados antes y después de la reforma judicial de 1994, iniciada por Carlos Salinas y puesta en operación en el gobierno de Ernesto Zedillo.  

Esa reforma definió la actual composición de la Suprema Corte y del Consejo de la Judicatura Federal (CJF), presididos ambos por Góngora entre 1999 y 2003, periodo en que fue el máximo representante del Poder Judicial de la Federación (PJF). En la SCJN Góngora fue un fuerte opositor al desafuero de López Obrador cuando éste era el jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal. El desafuero fue impulsado en 2005 por el entonces presidente Vicente Fox con el apoyo de quien era en ese momento presidente de la SCJN y del CJF, Mariano Azuela Güitrón.  

A pesar de que en abril de ese año el gobierno federal se desistió de la persecución judicial contra López Obrador por haber violado una suspensión ordenada por un juez, desde Los Pinos y el PJF continuó la operación política en contra del entonces opositor y de ello da cuenta Góngora:  

“Antes de que se dictara la sentencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) en relación a las elecciones presidenciales para el año 2006, todos los magistrados del tribunal se reunieron una noche en casa del presidente de la SCJN, don Mariano Azuela Güitrón. Una vez reunidos, llegó doña Marta (Sahagún, esposa de Fox), estuvo una hora con ellos. Hecho ya el trabajo sucio, llegó don Vicente Fox.  

“Desde luego la finalidad que tenían los dos que cogobernaban México era que no se invalidara la elección presidencial. Afán en el que tuvieron un triunfo decisivo… Días después, el expresidente del Tribunal Electoral Federal (Leonel Castillo González) fue propuesto a los ministros de la Suprema Corte –de los que yo formaba parte activa– como consejero de la Judicatura Federal”.  

El ministro en retiro, quien evita el nombre del entonces presidente del tribunal electoral, se opuso durante la sesión privada del pleno de la Corte, previa a la votación: “Los ministros no podemos pagar las facturas a cargo del señor presidente Calderón. Ésas le correspondían estrictamente a él y no a los ministros de la Suprema Corte”.  

Una parte importante para valorar la supuesta “neutralidad” de los ministros es cuando Góngora Pimentel cita entonces al ministro Azuela al recordar lo que pasó cuando Leonel Castillo le entregó la constancia de ganador a Calderón, en septiembre de 2006, en medio de fuertes impugnaciones:  

“El expresidente (Leonel Castillo), después de haberle entregado la constancia de presidente de la República a Felipe Calderón, con el tono más persuasivo que pudo, dijo: ‘¡Ahora lo único que me falta es que me hagan ministro!’  

Castillo, michoacano como Calderón, sólo tuvo dos votos y no pudo llegar al CJF. Después fue designado al frente del Instituto de la Judicatura Federal, del que salió en medio de escándalos por el tráfico de exámenes para ocupar plazas de jueces federales.  

Dice Góngora: “Bastó una sola sentencia como aquella (la del TEPJF que le dio el triunfo a Calderón) para cubrir de ignominia todos los años del buen trabajo realizado (por nuestro alto tribunal). Esa fue, me decía otro de los ministros, el “haiga sido como haiga sido” del presidente Calderón”.  

Al ministro Góngora le tocó durante dos años coincidir como presidente de la Corte con Fox como presidente de la República, de quien dice que además de desconocer el Poder Judicial, dejaba que muchas de las decisiones las tomara su esposa, “un elemento poco valorado que ayudó muchísimo en su presidencia al señor Fox”.  

En el texto se afirma sin dar nombres, que, en una cena en “la cabaña” –uno de los sitios que Fox y Sahagún se hicieron construir en Los Pinos– estuvieron el presidente de la República y los 11 ministros de la Corte.  

En la cabecera de la mesa estaba el presidente y entre los ministros se sentaron los secretarios de la Defensa Nacional, de Gobernación y de Hacienda. En la conversación, dice, uno de los ministros le pidió al presidente un avión para los ministros, con el propósito de visitar todos los circuitos de amparo del país.  

El presidente, indeciso, buscó con la mirada al secretario de Hacienda, quien dijo que implicaba gastos de tripulación, mantenimiento y muchos otros. “Aquí tomó de nuevo la palabra el señor presidente y dijo: ‘Bien, les daremos un avión, siempre que ustedes a cambio nos den sentencias favorables’. Fue cuando el ministro de la petición se sonrojó y dijo que no, que así no”.