Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha reconocido públicamente lo obvio: la crisis del Covid 19 está provocando un gigantesco golpe en la economía de México. Los pronósticos oscilan entre una caída de entre menos 1,5% al 4,5%, los peores registros desde 2009. El coronavirus no es solo la entrada a una gran crisis económica y de salud pública. Nos somete también a una evaluación de nuestra capacidad de recuperación, de nuestra capacidad de protección a los más vulnerables, y de nuestra capacidad para dar respuesta a las diferencias políticas que nos dividen.

La recesión económica por venir será de tal magnitud, que se habrá de fortalecer el papel del Estado. Desde los años ochenta del siglo pasado la capacidad de maniobra de los Estados se vio reducida por el poder de las multinacionales y la globalización. Este ciclo para ser que llegó a su fin.

El coronavirus muestra que los poderes estatales más allá, de los liderazgos políticos, de sus estilos, de su transparencia, de su intención, de su ideología, se verán fortalecidos por la narrativa de “salvar vidas”, que llegó para quedarse un buen tiempo.

La administración de Donald Trump se enfrenta a una terrible experiencia. Al minimizar el peligro, la Casa Blanca le ha dado tiempo al virus para prosperar. Ningún tuit o expresión xenófoba podrá disminuir la desastrosa gestión que se ve venir.

Detrás de la falta de preparación tanto en México como en Estados Unidos, está la cuestión estructural de un sistema de atención para todos. En México y en Estados Unidos, el coronavirus plantea la cuestión del hospital público, la dignidad debida a cada persona sea cual sea su nivel de ingresos. Educar, cuidar, proteger: más que nunca, implica la redefinición y consolidación del Estado de bienestar moderno que pasa por estas tres misiones fundamentales. La conclusión es evidente: regresamos a los Estados fuertes, y a los sistemas de salud y educación con una fuerte presencia estatal.