Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 11 de septiembre, 2020.- En 1962 surge el primer intento de personificar en la televisión la vida de un personaje histórico en una telenovela. Ernesto Alonso produjo “Sor Juana Inés de la Cruz”, teniendo como protagonista a la actriz Amparo Rivelles.  

Era la primera telenovela histórica que se producía, y retrataba la vida de una de las personalidades más complejas de nuestra vida intelectual. Las dificultades no tardaron en hacerse obvias. La censura gubernamental imposibilitó que se conociera la vida real de la poetisa, había temas relacionados a su orientación sexual, que para la moral de esos años eran impresentables en la televisión.  

Se buscó hacer una versión oficial de su biografía, pero tampoco se llegó a ese punto. El guion de Pablo Palomino y Luis Antonio Camargo estaba mal estructurado para la televisión y presentaba errores de tiempo, fecha y lugares en lo histórico. Resultó un fracaso para Palomino y Camargo.  

Con este primer intento, se comenzó a evidenciar lo difícil que era realizar una telenovela histórica.  

Repuesto del fracaso de “Sor Juana Inés de la Cruz”, Ernesto Alonso cometió un nuevo error esta vez mayúsculo al llevar a la “pantalla chica” la historia de “Maximiliano y Carlota”. En la versión televisiva Maximiliano era el argentino Guillermo Murray y Carlota, la catalana María Rivas.  

Ambos excelentes en sus actuaciones. La pareja resultó atractiva; vistieron hasta el más mínimo detalle en lujos, con locaciones en el Castillo de Chapultepec. El libreto, depositó todo el peso de la báscula en los emperadores. Eran los buenos de la historia, forzosamente el rol de villano cayó sobre Benito Juárez.  

Se creó un problema político para la televisora. Historiadores, partidos políticos, funcionarios de primer orden y sindicatos llevaron sus quejas por el maltrato al héroe nacional ante la Secretaría de Gobernación, la cual impuso a Ernesto Alonso cambios en el libreto original. Debido a que el productor se negó, se vio en la necesidad de tomar el control de este problema, el presidente Gustavo Díaz Ordaz, que citó a los más altos funcionarios de la televisora para hacerles notar los peligros que entrañaba la labor de mal interpretar la historia nacional, y los invitó a consultar con historiadores sus errores.  

En su encuentro con Díaz Ordaz, Ernesto Alonso fue cuestionado por haber contratado como libretista a Margarita López Portillo y Guadalupe Dueñas, esta última su tatarabuela había sido dama en la corte de la emperatriz Carlota, que, si bien le proporcionó veracidad al retrato de la intimidad de la pareja, el resultado era contrario a los valores nacionales.  

También explicó Díaz Ordaz que no le había gustado la forma en que se recreaba la figura de Juárez. Fue una reprimenda calificada de “cordial” en la que Miguel Alemán Velasco, que representaba la empresa que patrocinaba la serie estuvo de acuerdo en todos los puntos. El mensaje final de Díaz Ordaz demandó que, si la televisión tuviera la necesidad de abordar la historia del país, lo hiciera con veracidad.  

Después de la entrevista con el presidente, Mario Moya Palencia, encargado a la sazón de la censura cinematográfica y televisiva, ordenó que se hicieran cambios al libreto para salvar la imagen de Juárez. Imposible. Lo mejor era terminar aquello cuanto antes y así se hizo. En el capítulo 51, de los 80 planeados, se le dio un apresurado remate y Ernesto Alonso, el productor, confió en que pronto se habría de olvidar ese traspiés histórico y político.    

Se quiso narrar la vida del Emperador Maximiliano y su esposa Carlota como héroes en la telenovela, pero eran los villanos en la historia oficial, y el gobierno se vio en la necesidad de intervenir, censurar y provocar un cambio en las formas en el libreto. Telesistema Mexicano que después sería Televisa, quiso utilizar vidas de figuras históricas, una idea que resultaba atractiva, pero estaba fuera de su alcance, y se marchaba al fracaso en cada telenovela.  

 La Tormenta y El Carruaje  

En 1967, Miguel Sabido y Eduardo Lizalde escribieron para Ernesto Alonso, la que fue la obra cumbre del siglo XX, “La Tormenta”. Esta telenovela fue considerada una superproducción que permitió reivindicar la figura de Benito Juárez, tras el desastre de Maximiliano y Carlota. La dirección de Raúl Araiza, con fuerte influencia cinematográfica, permitió filmar en exteriores, reconstruir escenas complejas de batalla y la profundización en distintas facetas de los personajes históricos. Fue la primera telenovela coproducida entre la televisora y el gobierno mexicano, lo que permitió un aumento significativo de recursos económicos para su realización. A su vez, la colaboración se pensó con el fin de no contradecir las versiones oficiales de la historia narrada, contar con el aval de funcionarios de la Secretaría de Gobernación y contratar, como lo había sugerido Gustavo Díaz Ordaz a los escritores e historiadores que se requirieran.  

En esta telenovela destacó como guionista Miguel Sabido que utilizó la historia oficial e historias familiares ficticias para dar mayor peso narrativo a los personajes reales y de ficción funcionaron para  establecer las  líneas  generales  de  una  historia  melodramática,  tan  exitosas entre la audiencia, vinculando los procesos históricos en relatos paralelos en permanente contacto. En La Tormenta ,  se  introdujeron  temas  sensibles  como el indigenismo, el mestizaje, las distancias de clase a través de personajes ficticios dramática de las audiencias. Cinco años después, en 1972, Miguel Alemán Valdés, político y accionista  de  la  televisora,  produjo  El  Carruaje, tuvo  de nuevo como guionista a Miguel  Sabido. La imagen de Benito Juárez estuvo en el centro de toda la telenovela.  

A diferencia de La  Tormenta,  cuyo  tiempo  alcanzaba desde mediados del siglo XIX hasta 1921, en esta, el periodo de actividad de los personajes se concentran solo en la vida del héroe nacional. Para volver al modelo probado se cuidó que las tramas y formas de representación se apegaran a la forma en que la historiografía oficial mexicana representó hechos y personajes. Con ello, la narrativa adquirió tintes del género épico, se complejizaron los personajes y se contextualizaron sus acciones, subvirtiendo el código no escrito de la telenovela nacional de no representar tiempo y espacio. La vida del héroe se mostró como un camino destinado al sacrificio por la patria.  

En 1972, se estrenó la telenovela El Carruaje, la primera telenovela histórica en color, donde nuevamente la trama nos sitúa durante el gobierno de Juárez, esta vez, desde una perspectiva muy diferente. Los años de la Guerra de Reforma marcan el devenir de esta producción, cuando Juárez, impedido de asentar su gobierno legítimo en México, debe trasladarse hacia el norte del país en un carruaje, portando consigo la documentación que lo confirmaba como presidente efectivo. En este caso, la crítica fue mucho más benévola, alabando la imagen que se representó de uno de los personajes más sobresalientes de la historia mexicana. La siguiente etapa historiográfica podríamos situarla a comienzos del gobierno de Porfirio Díaz, a partir de las décadas setenta y ochenta del siglo XIX.  

Con la actuación del presidente Juárez se encumbró la carrera del actor José Carlos Ruiz, en 1974 invitado por el entonces gobernador de Coahuila, Eulalio Gutiérrez Treviño, se presentó caracterizado como Benito Juárez con motivo de un fin de curso “La preocupación de los productores era hacer de Juárez un personaje popular, querido, que la gente lo reconociera como a un igual”, explica sobre la teleserie que muestra a un político que le escribe y le declama un poema a su esposa, Margarita Maza, interpretada por María Elena Marqués.