Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX, 27 de marzo, 2020.- En medio de la pandemia de coronavirus, mientras un sector importante de la población debe quedarse en su casa, otros exponen su vida para cuidarnos. Son los asistentes, los ayudantes domésticos, las empacadoras de supermercados, los repartidores de alimentos, los taxistas, los choferes de autobuses, los recolectores de basura, entre una larga lista que sería imposible de redactar en este texto. En estos momentos merecen especial reconocimiento, el personal de los servicios médicos y de salud trabajadores y trabajadores que mantienen nuestras vidas.

Son, estos hombres y mujeres que con demasiada frecuencia la historia no reconoce en su comprensión del pasado, y que, por lo tanto, en el futuro no debemos olvidar. Este deber de recordar es una ética de atención, que los estudios del cuidado, desde el trabajo pionero de Carol Gilligan (En una voz diferente, 1982), nos invitan a reconocer y valorar para apreciar cómo se mantienen y apoyan a nuestras sociedades.

En México, hay pocos trabajos académicos, narraciones distintas a las producidas por las instituciones dominantes, sobre trabajadores de los cuidados, hombres y mujeres, no visibilizados, marginados y no reconocidos.

Es el momento de reconocer a quienes cuidan a nuestros hijos y a nuestros mayores, quienes limpian nuestras calles y nuestros hogares, quienes nos dan de comer. Debemos prestarles atención, escuchar sus demandas.

México ha avanzado en la incorporación del tema de los cuidados a la agenda pública debido a la conjunción de diferentes factores, entre ellos, las transformaciones socio demográficas y culturales. Se ha comenzado a «desprivatizar» la cuestión de quien se hace cargo de las personas dependientes y empieza a formar parte del análisis académico y político del sistema de protección social y el desarrollo de los servicios sociales.

Se está en proceso de construcción de un nuevo derecho social: el derecho a cuidar de parte de los familiares y el derecho a ser cuidado de parte de las personas que lo necesitan. Derechos que deben ser garantizados por el Estado asegurando la equidad social, de género, étnica-racial. El papel que debe cumplir cada una de las esferas proveedoras de cuidados, familias, mercado y comunidad y las articulaciones entre ellas, y con el Estado se inicia el debate.

En estos últimos años el conocimiento ha avanzado de forma explosiva con relación al reconocimiento de la importancia del trabajo no remunerado – doméstico y de cuidado- que se realiza en los hogares. Los datos revelan el predominio del modelo sustentado en la familia para dar atención a las personas dependientes, sustentado fundamentalmente en el trabajo sin pago a las mujeres en tanto madres, abuelas, esposas e hijas. Un debate que se inició en marzo de este año y que habrá de llegar al Congreso de la Unión en los próximos años.