Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 21 de septiembre, 2020.- En 1967, Miguel Sabido y Eduardo Lizalde escribieron para Ernesto Alonso, la que fue la obra cumbre de las telenovelas históricas del siglo XX, “La Tormenta”. Fue una superproducción que permitió reivindicar la figura de Benito Juárez, tras el desastre de Maximiliano y Carlota.  

La dirección de Raúl Araiza, con fuerte influencia cinematográfica, permitió filmar en exteriores, reconstruir escenas complejas de batalla y la profundización en distintas facetas de los personajes históricos. Fue la primera telenovela coproducida entre la televisora y el gobierno mexicano, lo que permitió un aumento significativo de recursos económicos para su realización.  

A su vez, la colaboración se pensó con el fin de no contradecir las versiones oficiales de la historia narrada, contar con el aval de funcionarios de la Secretaría de Gobernación y contratar, como lo había sugerido Gustavo Díaz Ordaz a los escritores e historiadores que se requirieran.  

En esta telenovela destacó como guionista Miguel Sabido que utilizó la historia oficial e historias familiares ficticias para dar mayor peso narrativo a los personajes reales y de ficción funcionaron para establecer las líneas generales de una  historia  melodramática,  tan  exitosas entre la audiencia, vinculando los procesos históricos en relatos paralelos en permanente contacto.  

En “La Tormenta”, se introdujeron temas sensibles como el indigenismo, el mestizaje, las distancias de clase a través de personajes ficticios dramática de las audiencias. Cinco años después, en 1972, Miguel Alemán Valdés, político y accionista de la  televisora,  produjo  El  Carruaje, tuvo  de nuevo como guionista a Miguel  Sabido. La imagen de Benito Juárez estuvo en el centro de toda la telenovela.  

A diferencia de “La  Tormenta”,  cuyo  tiempo  alcanzaba desde mediados del siglo XIX hasta 1921, en esta, el periodo de actividad de los personajes se concentran solo en la vida del héroe nacional. Para volver al modelo probado se cuidó que las tramas y formas de representación se apegaran a la forma en que la historiografía oficial mexicana representó hechos y personajes. Con ello, la narrativa adquirió tintes del género épico, se complejizaron los personajes y se contextualizaron sus acciones, subvirtiendo el código no escrito de la telenovela nacional de no representar tiempo y espacio. La vida del héroe se mostró como un camino destinado al sacrificio por la patria.  

En 1972, se estrenó la telenovela “El Carruaje”, la primera telenovela histórica en color, donde nuevamente la trama nos sitúa durante el gobierno de Juárez, esta vez, desde una perspectiva muy diferente. Los años de la Guerra de Reforma marcan el devenir de esta producción, cuando Juárez, impedido de asentar su gobierno legítimo en México, debe trasladarse hacia el norte del país en un carruaje, portando consigo la documentación que lo confirmaba como presidente efectivo. En este caso, la crítica fue mucho más benévola, alabando la imagen que se representó de uno de los personajes más sobresalientes de la historia mexicana. La siguiente etapa historiográfica podríamos situarla a comienzos del gobierno de Porfirio Díaz, a partir de las décadas setenta y ochenta del siglo XIX.  

Con la actuación del presidente Juárez se encumbró la carrera del actor José Carlos Ruiz, en 1974 invitado por el entonces gobernador de Coahuila, Eulalio Gutiérrez Treviño, se presentó caracterizado como Benito Juárez con motivo de un fin de curso “La preocupación de los productores era hacer de Juárez un personaje popular, querido, que la gente lo reconociera como a un igual”, explica sobre la teleserie que muestra a un político que le escribe y le declama un poema a su esposa, Margarita Maza, interpretada por María Elena Marqués.