Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 13 de octubre, 2020.- Virginia Hill fue el contacto en México del jefe de la mafia Lucky Luciano, junto con el gerente del Hotel Reforma, Alfred Blumenthal. Virginia nació en Lipscomb, Alabama, el 26 de agosto de 1926. Tenía diez hermanos que vivían, en una pobreza casi absoluta, y un padre borracho y golpeador. Poseía un fuerte acento sureño que no lo abandonaría por el resto de su vida. La mafia, la utilizaba para enviar mensajes. Se destacaba por su capacidad de guardar cualquier secreto, por un lado, y de hablar con frivolidad y ligereza sobre cualquier tema que se le pusiera adelante.  

Blumenthal, fundó el más famoso de los salones del hotel Reforma el cabaret Ciro’s bar, mismo que le daría fama mundial a ese establecimiento. La novedad era un chef a cargo del restaurante que era francés, pero lo mismo servía comida mexicana que una exquisitez francesa, con un servicio las veinticuatro horas del día.  

Servían unos meseros elegantemente ataviados con chaquetas verdes y corbata blanca, Grandes orquestas nacionales se dieron cita en el lugar y pronto empezaron las presentaciones de las orquestas estadounidenses. El trombonista Tommy Dorsey toco en el Ciro’s acompañando de la voz de Toña la Negra. Así cómo el compositor estadounidense Cole Porter quien alternó con Elvira Ríos cantando en español.  

En este ambiente cosmopolita, los planes de Virginia se vieron arruinados por el periodista Agustín Barrios Gómez que escribía una columna semanal, mezcla de chimes e información, llamada “Ensalada Popoff” que escuchó los planes de Virginia. Barrios Gómez escribió, en su columna, lo que habías escuchado en esas conversaciones en el Cyros: en las que Hill  narraba que trabajaba para el mafioso Lucky Luciano,. La nota sale una mañana: esa misma noche, un grupo de hombres le da una paliza a Barrios Gómez, y tres días después el FBI está golpeando la puerta de la habitación en las que se hospedaba Virginia, pero está ya se había ido.  

Los agentes comienzan a interrogar a todos aquellos que tuvieron contacto con ella y no tardan en dar con alguien que les dice que está en Acapulco. La encuentran a la mañana siguiente, tomando sol al lado de una piscina, y la arrestan. El cargo: malversación de fondos. Un grupo de periodistas está afuera del hotel. Virginia se para frente a ellos y les dice: “Estas son mis últimas palabras para ustedes. Estoy cansada de su maldita persecución. Deseo con todo el corazón no volver a poner los pies en su llamado mundo libre. Ustedes saben bien como yo que no les debo nada. Si acaso, ustedes me deben algo. Y si todavía buscan gánsteres, por qué no empiezan desde lo alto de la Casa Blanca hacia abajo”.   

Virginia sale ilesa de los cargos, pero dada la popularidad que ha obtenido, la mafia no quiere saber nada de ella. En 1950, en Europa, conoce y se casa con Hans Hauser, un famoso esquiador austríaco, y poco después tienen un hijo al que deciden llamar Peter.  

Sus contactos con el mundo del crimen organizado, y con el mundo de la ley, parecen haber acabado por completo, pero en 1951, la llaman a declarar en el Congreso. Edgard Hoover, el famoso e implacable director del FBI, está emprendiendo una cruzada solitaria contra la mafia estadounidense, y ella, que había alcanzado notoriedad por ser mujer, está en la mira. La audiencia puede verse por YouTube, y es sorprendente. Uno de los senadores le pregunta si conoce a mafiosos, y ella responde que no. Le preguntan entonces si no les caen bien esas personas. No, dice ella, y la sala entera rompe en carcajadas.  

Siempre recibió dinero, una especie de pensión, por parte de Joe Epstein, un gánster de Chicago que fue su primera pareja.  Sin retirarse por completo de la mafia sus frecuentes viajes de ida y vuelta entre Estados Unidos y Europa hacían sospechar que seguía siendo el correo de la mafia. A los 35 años su belleza ya no era lo que había sido, pero iba vestida con clase. Sin embargo, en las fotografías que se publicaron de su declaración ante la Congreso se la ve relajada.     

Pasó su vida haciéndose la tonta, pero quedó claro que era muy inteligente. Murió de una sobredosis de somníferos en Austria, el 24 de marzo de 1966 a la edad de 49 años. Está enterrada en el cementerio de Aigen en Salzburgo. Según la biografía de Andy Edmonds, El bebé de Bugsy: La vida secreta de la reina de la mafia Virginia Hill, su muerte fue sospechosa a pesar de ser un aparente “suicidio”. Los medios austriacos, que estaban bien informados, especularon que trató de obtener dinero y esa fue la causa de su aparente “suicidio”.