Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 26 de noviembre, 2020.- Salvador Castañeda O’Connor (1931-2019) fue un referente de la historia política de Nayarit, y uno de los pilares del llamado gasconismo, movimiento político fundado por Alejandro Gascón Mercado (1932-2005).  En Nayarit, esa corriente política tuvo una presencia de 1960 a 1995.  

En 1975, Castañeda O’Connor formó parte del compacto equipo de Gascón que defendió a capa y espada que su movimiento político había triunfado en las urnas, en una proporción de tres a uno –hay quienes a la vuelta de los años aseguran que fue diez a uno-, frente al candidato del PRI, coronel Rogelio Flores Curiel.  

En ese año de 1975, Castañeda O’Connor, buscó limpiar la elección.  Por lo que se acordó llevar a cabo una reunión en la ciudad de México. Se habría de dirimir el conflicto electoral, con el presidente de la República como árbitro de última instancia, que en esa época era Luis Echeverría Álvarez.  

Castañeda O’Connor, relata que estuvo presente en toda la negociación. En esa época a un presidente de la República no se le podía decir que no. Era un poder real en este país. Tú no podías decirle al presidente “yo no voy a las pláticas”. Y una vez que asistes, tienes que reconocer la autoridad del presidente, de lo contrario te lleva la chingada.  

“Entonces fuimos. Primero nos obligaron a tener una plática previa con (Mario) Moya Palencia, que era el secretario de Gobernación, y ahí fue donde se vinieron todos los ofrecimientos. Moya Palencia nos felicitó al llegar porque habíamos hecho una campaña extraordinaria, una vocación muy respetable y que por fin se realizaría el sueño del maestro Lombardo de formar un gobierno democrático y plural”.  

La negociación, según Gascón, implicaba que la oposición reconociera que el PRI había ganado la elección para gobernador, a cambio el PRI reconocería triunfos en la mitad del Congreso y en la mitad de los ayuntamientos, pero además algunos cargos importantes en el Poder Ejecutivo, como el secretario general de gobierno, que serían para personajes cercanos al grupo disidente.  

Esos fueron los ofrecimientos concretos de Moya Palencia. Pero Castañeda O’Connor mencionó que “Gascón se negó a todo”. Con esa cerrazón fueron a ver al presidente, una comisión muy pequeña, integrada por Moya Palencia, Cruickshank, Ortiz Mendoza, yo y el candidato.  

“El presidente nos recibió de buen talante, de buen humor. A ver, explíquenme que pasó. Alejandro tomó la palabra para ratificar el triunfo electoral, pero no reconocido. Denunció irregularidades graves, destacó la participación del Ejército, secuestró paquetes electorales de una gran parte de casillas instaladas.  

“Total, que el PRI reconoció que nosotros sacamos 50 mil votos y que el PRI 70 mil. Pues es un porcentaje muy alto. Si el PRI reconoce que ustedes obtuvieron más de 50 mil votos, quiere decir que ustedes ganaron, dijo el presidente. Y luego alargó: Y qué otras cosas…. Entonces Castañeda O’Connor tuvo su única intervención de la manera siguiente: Señor presidente, usted está informado debidamente, es más, tiene mejores informes que nosotros, y usted sabe bien lo que nos hicieron, para que tanta pregunta. Usted sabe mejor que nadie que nos hicieron el fraude electoral”.  

Semanas después, Moya Palencia los citó para nueva reunión donde se tomarían acuerdos definitivos. Pero el presidente de la república brillaba por su ausencia. Gascón rechazó reunirse con una comisión de funcionarios de alto nivel, dijo que él venía a reunirse con el presidente de la república para escuchar una respuesta al planteamiento de la reunión anterior.  

Los responsables del Estado Mayor Presidencial expresaron que el presidente vendría, que jugaba simultáneas como los ajedrecistas, atendía otra reunión. Escucharemos sus opiniones mientras llega el presidente. A tanta insistencia, nos quedamos. “El primero en tomar la palabra fue Muñoz Ledo. Dijo: Nosotros iniciamos conversaciones con los compañeros del PPS, mismos que publicaron en el periódico Excélsior el documento que presentaron al Congreso donde piden la nulidad de las elecciones, y eso rompe el proceso de negociación. En consecuencia, he dado instrucciones para que la base de nuestro partido defienda el triunfo en Nayarit, porque esas elecciones fueron limpias, puras y perfectas.  

“Pide la palabra Augusto Gómez Villanueva y al dirigirse a los quejosos y afirmó que quienes hicieron el fraude en Nayarit fueron los del PPS, ellos imprimieron boletas falsas, hubo tres veces más boletas de estas que las oficiales, que ellos distribuyeron con anticipación. En ese momento de su asiento se levanta Alejandro para decir que no estaba obligado a escuchar majaderías y mentiras de Augusto, por tanto, me retiro de la reunión. Entonces interfiere Muñoz Ledo para dirigirse a Alejandro, llamarle la atención y pedir que se modere el lenguaje. A mí no me llama la atención ningún hijo de la chingada, respondió Alejandro. Cuando esto sucedía entró el presidente.  

“El presidente se dirige a los ahí reunidos para manifestar: ¡Qué ya no se puede hablar entre mexicanos! Vengan, los invito a todos a cenar. Nos dieron tamales, pan de conchas muy sabrosas. Los asuntos siguieron. En la cena sucedieron cosas muy importantes. Echeverría se dedicó a escuchar sin pronunciar una sola palabra. Al final los dirigentes nacionales del PRI y PPS, Porfirio Muñoz Ledo y Jorge Cruickshank García, respectivamente, negociaron a espaldas de todo el mundo para que el PPS reconociera el triunfo del PRI en las elecciones de Nayarit, a cambio Cruickshank recibiría candidatura a senador por Oaxaca, curul que ocupó en 1976.