Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 15 de octubre, 2020.- Dos personajes de la mafia, tuvieron una importante presencia en México en el primeros años del siglo XX: Lucky Luciano, considerado como el padre del crimen organizado estadounidense y Benjamin Bugsy Siegel quien fue el primer inversionista en Las Vegas, Nevada, al fundar el primer gran hotel de la ciudad, el famoso Flamingo, inaugurado en 1946.  

Lucky mantenía una estrecha amistad desde sus años adolescentes con Bugsy, y gracias a la llamada Ley Seca, esa amistad se fortaleció. La prohibición de producir y vender bebidas alcohólicas estuvo vigente, de 1920 a 1933, en esos años, la mafia invirtió en las ciudades fronterizas mexicanas en cantinas, casinos y prostitución. A los empresarios estadounidenses en esos negocios, que tenían relación con la mafia, se les conoció en México como los “Barones de la Frontera”.  

En los años de la Ley Seca, en Tijuana se abrieron centros de apuestas que ofrecían espectáculos de variedades, como luego ocurriría en Las Vegas. La principal inversión la realizaron en un hotel casino e hipódromo que se había construido en 1928, conocido como Agua Caliente. El lugar pertenecía a Abelardo L. Rodríguez, quien fue gobernador del entonces territorio de Baja California y también presidente de México.  

El negocio se acabó en enero de 1935, cuando el presidente Lázaro Cárdenas prohibió los casinos. Para entonces ya se había levantado la Ley Seca en Estados Unidos, y comenzaba el auge del negocio de las drogas, en el que el grupo de Al Capone se había iniciado en gran escala, pues antes comenzó a conseguir la morfina y el opio en México para su venta en Los Ángeles, una de las ciudades con mayor consumo en esa época.  

A finales de 1938 Virginia Hill, intermediaria, publirrelacionista y ex amante de varios mafiosos, entre ellos Bugsy Siegel y Lucky Luciano, se habían establecido en Los Ángeles para relacionarse con políticos, procuradores, jefes policiacos y figuras de Hollywood como Erroll Flynn, George Raft y Gary Cooper.  

En 1939 Virginia Hill y Bugsy se reencontraron, y revivieron su tormentosa relación amorosa que habían mantenido en 1937. Fue en ese año cuando Virginia comenzó también a viajar a Baja California, y conoció al piloto militar Luis Amezcua Torrea, quien deslumbrado por la belleza de la pelirroja y, sobre todo, por las grandes sumas de dinero que le entregaban, les presentó a las más importantes figuras de la política mexicana, convirtiéndose Virginia en el principal enlace entre los mafiosos, los políticos, y los policías mexicanos.  

Con las puertas abiertas de par en par por Hill, Siegel también comenzó a viajar con frecuencia a México para conseguir más narcóticos, cuya demanda crecía entre las tropas y los hospitales estadounidenses, debido a la segunda guerra mundial.  

Siegel llegó a Tijuana y después se desplazó hasta Sinaloa, Durango y Chihuahua, para conocer a los principales traficantes de entonces: Pedro Avilés y Jaime Herrena Nevárez, y las regiones donde éstos sembraban la amapola. Para favorecer el negocio, Siegel comenzó a destinar “créditos” a los sembradores, pagándoles por adelantado la cosecha. Se iniciaba un negocio en el que habría una estrecha relación entre los grupos del crimen organizado de México y los Estados Unidos.