Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 23 de diciembre, 202º.- El 2 de julio de 2000, Ernesto Zedillo, al mismo tiempo que anunciaba la derrota del PRI en la elección presidencial, quiso seguir conduciendo a ese partido de acuerdo con sus compromisos políticos. Dulce María Sauri, quien fue colocada por Zedillo en la presidencia nacional del PRI, convocó a una reunión para el día 4 de julio, en la que presentaría su renuncia, lo cual implicaba que ahí se habría de elegir a su sustituto.    

Para imponer esos cambios, el 3 de julio Zedillo realizó dos reuniones en sus oficinas. En la primera convocó a la plana mayor del PRI para “sugerirles” que había que designar a Jesús Murillo Karam, quien también estaba presente, como nuevo presidente del partido y sería el séptimo bajo su gestión.  

Tiempo después se supo que era una maniobra de distracción, para colocar a Francisco Labastida, el derrotado candidato presidencial, que el mismo Zedillo había impuesto a la cabeza del PRI.  

También se mencionó a la entonces senadora Beatriz Paredes para ocupar la secretaría general. Al término de la reunión, la cúpula priista aceptó las indicaciones presidenciales y se retiraron.  

Enseguida, alrededor de las trece horas, tuvo lugar la segunda reunión en Los Pinos, la de Zedillo con diecinueve de los veinte gobernadores priistas a los que también planteó el asunto del cambio en la dirigencia nacional del PRI, en esa reunión sí hubo un conflicto abierto y varios gobernadores se opusieron terminantemente a ello.  

La ruptura abierta con el presidente se consumó, pero la consumaron quienes estaban en la línea de poder territorial real. Así, por la tarde, ya en la sede partidaria, al presentarse la propuesta de Murillo-Paredes como dirigentes, fue tajantemente rechazada: el control del partido pasaba a manos de los gobernadores.  

Los principales protagonistas en esa rebelión fueron el gobernador de Tabasco, Roberto Madrazo, y el de Oaxaca, José Murat. El primero incluso emitió una carta pública en contra de la “renuncia” impuesta de Sauri y propuso la formación de una comisión que se encargaría de impulsar los preparativos internos necesarios para discutir el asunto de la elección de una nueva dirigencia nacional, propuestas que fueron apoyadas por los demás gobernadores priistas.  

Luego de una discusión interna, se llegó al acuerdo de que Sauri no renunciaría. Al detener la sorpresiva maniobra política de Zedillo para imponer a Murillo, una de las facultades políticas centrales del presidente quedaba cancelada, cosa impensable semanas antes; de tal manera, la primera derrota del PRI en elecciones presidenciales era quitarle el poder de designar al líder del PRI, al presidente.  

Sauri ocupaba el cargo de presidenta del PRI, por designación de Zedillo; pero el partido no estaba preparado en ese momento para afrontar un proceso interno de selección de dirigentes nacionales, no había reglas reales y operativas para hacerlo.  

Luego de romper públicamente con Zedillo, los gobernadores y los notables priistas tomaron la determinación de que la sustitución del presidente del  PRI se realizaría después del 1 de diciembre de 2000, cuando Zedillo ya no fuera Presidente de la República; así, a mediados de agosto se reunieron diecisiete gobernadores priistas para ratificar el acuerdo de posponer la XI sesión ordinaria hasta diciembre. Al final de cuentas, la sesión se realizó del 16 al 18 de febrero de 2001 en Ixtapan de la Sal y ahí se aprobó.  

La contienda por la presidencia del PRI se desarrolló durante enero y febrero de 2002. Dos planillas participaron en ese proceso, la de Roberto Madrazo y Elba Esther Gordillo por parte de la corriente disidente, y la de Beatriz Paredes y Javier Guerrero por la corriente post -oficialista o labastidista.  

La fecha de la elección fue el 24 de febrero y la toma de posesión de los nuevos dirigentes el 4 de marzo. La mancuerna Madrazo-Gordillo triunfó: los últimos obtuvieron 1.518.063 votos (50,9%), mientras que Paredes y Guerrero sumaron 1.466.217 (49,1%). En 2003, la secretaria general obtuvo una diputación federal y se impuso como líder de la fracción priista en la Cámara de Diputados.  

Sin embargo, a raíz de profundas diferencias en el manejo de la agenda legislativa y de cálculos de conveniencia política, los diputados priistas, bajo el silencio tolerante y cómplice del presidente del partido, destituyeron a Gordillo como su líder cameral y nombraron en su lugar a Emilio Chuayfett.  

Luego de este conflicto, aquélla desapareció durante algunos meses del escenario político y partidario. Desde principios de 2002, Madrazo y Gordillo habían pactado que, llegado el momento, esto es, cuando Madrazo dejara la presidencia del partido para contender por la candidatura presidencial lo cual no podría ocurrir más allá del otoño de 2005, ella ocuparía el cargo máximo y, por supuesto, se encargaría tanto del proceso interno para elegir al candidato presidencial, como de la campaña electoral y de la integración de las listas de candidatos a legisladores federales ( El Universal , 9 de julio de 2006).  

El golpe político contra Gordillo y su destitución podía entenderse como una cancelación de este compromiso. Las agendas políticas de ambos, la de Madrazo con sus gobernadores y la estructura partidaria, y la de Gordillo con su sindicato y varios gobernadores afines, se volvieron divergentes y adversarias.  

La proximidad de la coyuntura de las elecciones presidenciales del año 2006 planteó un nuevo desafío político al PRI. Si antes de 2000, una de las facultades cruciales del presidente de la República era la de conducir el proceso de selección del candidato presidencial, en el periodo anterior a 2006 las circunstancias ya fueron otras. Las élites priistas tuvieron ante sí la tarea de encontrar los mecanismos reales y eficaces para tomar esa decisión como organización.  

Así, desde el otoño de 2004, empezaron a manifestarse los realineamientos de gobernadores, los cuales mantuvieron algunas líneas de continuidad con los que se han manifestado en 2000-2002, pero también hubo reacomodos que fueron el resultado de los cambios de titular del Poder Ejecutivo en numerosos estados a raíz de la realización de elecciones locales de gobernador.