Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 11 de diciembre, 2020.- En la elección de 1964 se eligió al titular del ejecutivo federal de un régimen político presidencialista totalmente consolidado. El “señor presidente” era la autoridad gubernamental más importante e inapelable, tenía la mayor concentración de poder institucional que podía poseer un individuo en México, fundada en las tradiciones de autoridad y obediencia que daban contenido a la cultura política.  

En la sucesión de 1964, se desarrolla, por última vez, una continuidad estable entre el presidente en funciones, que escoge a su sucesor, y el designado, quien se va volviendo a lo largo de la campaña electoral la figura central del poder político en México, pasando por la elección en la que gana y toma posesión del cargo.  

Uno de los eventos políticos más significativos de la elección de 1964 fue el efecto de la reforma constitucional de 1963 que estableció a los diputados de partido. Esta reforma creó nuevas expectativas en las dirigencias partidarias y estimuló la participación de los partidos políticos en las elecciones de 1964.  

El 2 de abril de 1964, ante Luis Echeverría Álvarez, presidente de la Comisión Federal Electoral y subsecretario de Gobernación encargado del Despacho, Alfonso Corona del Rosal registró a Gustavo Díaz Ordaz como el candidato del PRI a la presidencia de la república.  

Un primer hecho significativo de la campaña de Díaz Ordaz fue el apoyo que recibió del general Lázaro Cárdenas del Río, quien poseía una gran autoridad moral en la izquierda nacionalista mexicana y era la figura central del Movimiento de Liberación Nacional. Díaz Ordaz, fue destapado en un ambiente nacional de estabilidad y cohesión política en torno suyo. La elección de Adolfo López Mateos en 1958 se desarrolló en un clima de conflictos laborales. Para 1964, las condiciones internas y externas habían cambiado.  

Un segundo evento significativo de la campaña de Díaz Ordaz ocurrió en la Plaza de la Constitución de la ciudad de Chihuahua el día 6 de abril de 1964, cuando un estudiante de la Escuela Normal Rural de Salaices intentó apoderarse del micrófono, según dijo, para exponerle al candidato algunos problemas educativos, judiciales y agrarios que requerían de urgente solución.  

Se le suspendió el sonido y una multitud de jóvenes enardecidos prendieron fuego a las tribunas que había ocupado Díaz Ordaz y arrojaron una verdadera lluvia de palos sobre la comitiva. El propio candidato presidencial fue tocado levemente en el cuello, se enfrentó a los enardecidos manifestantes para decirles que por el camino de la violencia no era posible resolver ningún problema; que él conocía bien la situación que prevalecía en Chihuahua y sabía quiénes eran los verdaderos responsables.  

Lo sorprendente del caso es que los millares de priistas que había en el mitin se dispersaron a la hora del escándalo, aun cuando veían que el candidato y su comitiva estaban siendo agredidos de un modo violento y directo.  

El gobernador Praxedis Giner Durán declaró: que se ejercería una enérgica intervención de las autoridades locales para investigar y castigar a los responsables de los violentos sucesos. Aseguraron que tales responsables eran “los palominos”, es decir, los partidarios de Ramón Danzós Palomino, candidato presidencial del Frente Electoral del Pueblo, aunque también admitió la participación de gentes del PAN y de la extrema derecha agrupadas en el llamado Partido Demócrata Cristiano.  

En 1964, Díaz Ordaz era un hombre que estaba perfectamente al tanto de los métodos de control político y represión en virtud de su encargo como secretario de gobernación durante el gobierno de Adolfo López Mateos; no obstante, su experiencia política había sido mucho más amplia: agente del ministerio público, juez, magistrado, diputado y senador de la República.  

Le tocó en suerte, además, atender como representante oficial del gobierno mexicano la crisis diplomática y militar que suscitó el descubrimiento estadounidense de los emplazamientos de los misiles soviéticos en Cuba, justo en el momento en que la mayor parte del gobierno, incluyendo al presidente de la República y al secretario de relaciones exteriores, volaban de regreso México de una gira por Asia. Llegó a su “destape” en plenas condiciones físicas y de poder.