Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 9 de noviembre, 2020.- Horas después del asesinato de Luis Donaldo Colosio, los distintos grupos al interior del PRI buscaron imponer a quien sería su sucesor, el apoyo lo tuvo Fernando Ortiz Arana, un político hoy en el olvido, que pretendió ser el candidato sustituto a la presidencia.  

Nunca dio su versión, sus razones; y tampoco se le buscó para preguntarle sus impresiones sobre esos complicados días. Los entonces diputados federales César Augusto Santiago y Amador Rodríguez Lozano impulsaron la candidatura de Ortiz Arana, quien en ese momento era diputado federal y presidente del PRI, y en pocas horas lograron la adhesión de la mayoría de los Comités Estatales y de sus principales dirigentes.  

Nadie hablaba de otra propuesta, parecía inminente la designación, pero sólo faltaba el visto bueno del presidente de la República. En ese momento, sólo se sabía que el candidato presidencial había recibido un disparo en la cabeza y que era atendido en el Hospital General de Tijuana. Años después se supo que, por la noche, Carlos Salinas se enteró de las pretensiones del presidente del PRI.  

Al día siguiente, 24 de marzo de 1994, Salinas leyó un desplegado en el que también aparecía la firma del entonces secretario general del partido, José Luis Lamadrid. El documento contenía párrafos en los que se daba a Colosio como vivo: ”Hoy más que nunca, Luis Donaldo Colosio es nuestro candidato a la Presidencia de la República… es un hombre firme en sus convicciones. Es el mejor priista. El intento de segar su vida es un acto cobarde que debe ser esclarecido”.  

El sábado 26 de marzo de 1994, el rumor sobre las ”adhesiones” a la presunta candidatura de Ortiz Arana va creciendo. En un hecho inaudito en la capital de Querétaro se publicaron: ”Pronunciamientos en favor de Fernando Ortiz Arana”. Incluso, se difundió un ”octálogo” -con el logotipo del PRI- en el que se daban las razones por las cuales debería ser el candidato presidencial.    

A media mañana, Salinas se entera de los desplegados publicados en Querétaro, y enojado le avisa a Ortiz Arana, que habrá de pedir su declinación por considerar que es una deslealtad y un comportamiento ventajoso e inaceptable. Sin mucha conciencia de lo que estaba haciendo, Ortiz Arana pretendió ser el candidato de los grupos opuestos al presidente.  

Esa misma mañana, en una nueva llamada telefónica, Ortiz Arana, es citado con urgencia a Los Pinos, por Salinas. Antes de ir a Los Pinos va a la sede nacional del PRI, y él mismo pide a su equipo la redacción de un comunicado en el que desautoriza ”cualquier expresión de simpatía a favor de persona alguna, hasta en tanto el partido, de acuerdo con sus estatutos, fije los términos en los cuales habrá de llevarse su procedimiento interno.”  

Para neutralizar cualquier “madruguete” el secretario de Hacienda, Pedro Aspe Armella, es propuesto por Fidel Velázquez como su candidato. El domingo 27 de marzo, Ortiz Arana volvió a Los Pinos, era otro, estaba fuera de sí, pero fue el 28 de marzo por la noche cuando se determinó que, al día siguiente, el líder del partido habría de convocar a la prensa para que él mismo expusiera que no quería ser el candidato del PRI. El poder presidencial aún funcionaba en el tricolor y Ortiz Arana tuvo que disciplinarse.  

El martes 29 de marzo, la humillación para Ortiz Arana, sería notoria cuando estuvo entre los hombres del poder que asistieron al videodestape hecho por Manlio Fabio Beltrones en la residencia Miguel Alemán de Los Pinos, y más tarde en el Salón Presidentes tuvo que someterse en público al renunciar a su candidatura y anunciar la de Ernesto Zedillo.  

En las fotografías del 31 de marzo, después de la toma de protesta de Zedillo, Ortiz Arana aparece levantándole la mano a su adversario, quien sonreía. El mismo tuvo que firmar la solicitud de registro de Zedillo ante el IFE. Mes y medio después, a 48 horas del primer debate entre candidatos presidenciales, Ortiz Arana renunció a la presidencia del PRI, en medio de una disputa interna por el palomeo de las listas al Senado y a la Cámara de Diputados.  Entraban Ignacio Pichardo Pagaza, y José Francisco Ruiz Massieu, como presidente y secretario general del PRI. Ortiz Arana ahora tenía en su contra al presidente saliente y al entrante.