Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 25 de octubre, 2020.-Hasta hoy se discute si pudo ser un crimen de estado, un crimen pasional o un suicidio. Su muerte sigue siendo enigmática y misteriosa. Así fue la vida de Fernando Jordán Juárez, quien nació en la ciudad de México, un 26 de abril de 1920.  

Egresado de la escuela vocacional decide inscribirse en la carrera de Arquitectura en el Instituto Politécnico Nacional, sin embargo, al poco tiempo la abandona e ingresa en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Durante el tiempo que estudió esta carrera tuvo la oportunidad de escribir varios artículos en periódicos del instituto con lo cual descubre su vocación periodística.  

A la edad de 25 años, egresa como antropólogo y empieza a trabajar en el periódico de mayor tiraje de la época, La Prensa, posteriormente en las revistas Mañana Novedades. Se distinguió siempre por sus artículos agudos e incisivos en los cuales denunciaba las inequidades en México, y por ello recibió varias represalias y regaños los cuales sólo sirvieron para estimular su deseo de continuar por este camino.  

Su gran oportunidad llega en el año de 1949, cuando decide unirse a quien fuera su principal promotor y amigo, Regino Hernández Llergo, quien funda la revista Impacto, nombrándolo su corresponsal viajero y que así pudiera combinar sus dotes de periodista y antropólogo visitando diferentes lugares de la República Mexicana y enviando sus profundos reportajes para esta revista.  

Cuando Jordán llega a Baja California, la define como el “otro México”, pues advierte inmediatamente las características especiales que la situación geográfica de la frontera imprime en su gente y en el espacio geográfico. El desarrollo urbano en Baja California se daba vertiginosamente con respecto al resto del país, pues a partir de la década de los cuarenta del siglo XX, empezó a convertirse en plataforma de migración itinerante hacia los Estados Unidos.  

Su primer trabajo fue acompañar a la Marina Mexicana en una expedición al Archipiélago de Revillagigedo en donde da cuenta de este sitio tan singular el cual debería ser un orgullo el tenerlo en nuestro país; su segunda misión fue una expedición a Chiapas donde escribió sobre las etnias del lugar; siguieron Coahuila y la rara población de raza negra que habita ahí.  

Más tarde, va a Chihuahua en donde visita a los menonitas para terminar con visitas a la afrancesada Nautla, Veracruz y Chipilo; Puebla con su notable migración italiana, mas no paró ahí, regresa a la Ciudad de México y parte a la selva lacandona para rematar con una visita a la zona arqueológica de Yucatán, en sus reportajes denuncia la destrucción de ruinas prehispánicas de parte de los contratistas que abren caminos en la selva.  

Era tanta la pasión y entrega que ponía el autor durante sus visitas a estos sitios que contrajo diversas enfermedades endémicas de estos sitios por consumir alimentos y agua de esta que se alimentaban los pobladores, pero que él siendo extraño al sitio y no teniendo las defensas ni una naturaleza acostumbrada a ellas, le ocasionó fuertes infecciones estomacales e intestinales que lo tuvieron enfermo de gravedad en varias ocasiones.  

En el año de 1944, contrae nupcias con una condiscípula de la carrera de Antropología, la sueca Bárbara Dahlgren, sin embargo, sus romances con otras mujeres jamás desaparecieron lo cual ocasionó que al final de la vida del autor éste se encontrara separado de su esposa y su relación prácticamente acabada.  

Fue en el año de 1950 que Fernando Jordán inicia su aventura por la península de Baja California, recorriéndola palmo a palmo desde Mexicali hasta Cabo San Lucas. Durante su transitar por estas tierras tuvo contacto directo con sus gobernantes como fueron José Agustín Olachea Avilés y Braulio Maldonado Sández, los cuales le abrieron las puertas de estos dos territorios.  

En Baja California, realizó recorridos en un jeep el cual lo llevó a través de las Sierras de Guadalupe, San Pedro Mártir, San Francisco, La Giganta y la Laguna. En un barco de nombre Neptuno realizó un interesante viaje, el cual se antojaba como imposible por las condiciones tan lamentables del bajel, por las islas de la Península. Se cuenta que en sus travesías se hacía acompañar de varios muñecos de trapo con los cuales conversaba y los que hacían más llevaderas sus andanzas por esa región del país.