Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 17 de diciembre, 2020.- Señalaba bien José Elías Romero cuando decía que en 1977 José López Portillo jugó todas sus cartas en contra de sí mismo. Primero, propició un innecesario e inoportuno debate sobre los requisitos de nacionalidad que señalaba el artículo 82 constitucional, con ello, descartó a Carlos Hank, a Jesús Reyes Heroles y a José Andrés de Oteyza.  

Después, casi inmediatamente, resolvió un pleito de gabinete despidiendo a Carlos Tello y a Julio Rodolfo Moctezuma. Así, al concluir su primer año de mandato, el gabinete de López Portillo ya no contaba con lopezportillistas de perspectiva presidencial futura. La decisión final, a favor de Miguel de la Madrid, fue el resultado de una selección entre fuerzas políticas y económicas ajenas al gran elector.  

El destape fue el 25 de septiembre de 1981, a las diez de la mañana, los sectores campesino, obrero y popular del PRI distribuyeron a los medios de comunicación un boletín en el que se informaba al entonces presidente del Comité Ejecutivo Nacional del partido, Javier García Paniagua, su decisión de apoyar a quien era antes de ese momento, secretario de Programación y Presupuesto, para que fuera su candidato a la Presidencia de la República.  

Quien era el secretario de Gobernación, Enrique Olivares Santana, se comunicó con todos los gobernadores para informarles que el precandidato del PRI era De la Madrid. La carrera política del futuro presidente empezó en la década de 1950 en los pasillos de la Facultad de Derecho de la UNAM, donde el profesor José López Portillo se convirtió en su mentor.  

De la Madrid nació en Colima el 12 de diciembre de 1934. Quedó huérfano de padre a los dos años y su madre, Alicia Hurtado, decidió educarlo en la Ciudad de México. Su primer cargo público fue en el Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext), pero nunca perdió el vínculo con José López Portillo, quién lo convenció de afiliarse al PRI en 1963.  

Un año después, y gracias a una beca concedida por Bancomext, estudió una maestría en Administración Pública en la Universidad de Harvard. A su regreso, fue nombrado subdirector general de Crédito en la Secretaría de Hacienda. Durante la presidencia de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), De la Madrid fue transferido a la Subdirección de Finanzas de Petróleos Mexicanos (Pemex), y dos años después regresó a la Secretaría de Hacienda, encabezada por López Portillo. La relación con López Portillo fue clave para abrirse espacios dentro del PRI —la principal fuerza política en ese momento— y para adquirir cargos públicos.  

Cuando su maestro fue electo presidente de México en 1976, De la Madrid continuó por tres años como subsecretario de Hacienda, y después fue nombrado titular de   Programación y Presupuesto, a cargo de las decisiones financieras más importantes del país.  

En los comicios de 1982, De la Madrid obtuvo el 74.3% de los votos, el equivalente a 13 millones de sufragios más que su rival mejor posicionado: el aspirante del PAN, Pablo Emilio Madero. Al tomar posesión, en diciembre de 1982, De la Madrid rompió prácticamente con su predecesor y reconoció que recibía al país en un momento de “emergencia nacional”.  

Una de las primeras decisiones que tomó en su mandato —y de las más polémicas, según el mismo expresidente—, fue el decreto de moratoria en el pago de la deuda externa y el diseño de un “plan anticrisis” que hacía énfasis en la austeridad. Para entonces, según datos del Banco de México, la inflación en México era de 100% anual, la deuda exterior se acercaba a los 80 mil millones de dólares y De la Madrid había declarado en virtual bancarrota al sistema financiero.  

En ese momento, también anunció una “campaña anticorrupción” que derivó en la detención por tráfico de drogas, extorsión y homicidio, de Arturo Durazo Moreno, El Negro, quien fuera secretario de Seguridad Pública y amigo de la infancia de López Portillo.