Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 3 de noviembre, 2020.-Enrique Márquez, cercano colaborador de Manuel Camacho, escribió el libro ¿Por qué Perdió Camacho?, en donde narra una importante conversación en el despacho presidencial, que sería definitoria para la vida política del país. “La única pregunta que tengo, Carlos, no es por qué fue Colosio, sino por qué no fui yo”. Salinas le respondió:  

 “Manuel, yo creo que cometiste algunos errores, cometiste errores de trato con el equipo y errores de posición política, eres un hombre sincero, dices lo que piensas, eres inteligente y estás bien informado. Por ello mismo, a veces tus comentarios o tus respuestas, por ejemplo, en las reuniones de gabinete, provocaron reacciones adversas que se fueron acumulando. Fuiste en diversas ocasiones muy duro con tus compañeros, esa actitud tuya te fue aislando del resto del gabinete, créemelo que así ocurrió; y en lo político, Camacho, cometiste el error de aliarte con mis enemigos y eso hizo que disminuyera la confianza en ti”.  

En el libro, Márquez narra con lujo de detalles el momento en que Camacho Solís se enteró de que no iba a ser el candidato a la Presidencia por boca del propio presidente Carlos Salinas de Gortari. Cuenta: “El sábado 20 de noviembre de 1993 estaba cómodamente en casa viendo con mis hijos un programa de televisión. Pero cierta intranquilidad me rozaba a tal punto que ni las tribulaciones infantiles del Kevin de Los años felices lograban distraer mi creciente inquietud. El “destape” priista estaba a la puerta y yo, como supongo que muchos otros, pretendía mantener los nervios a raya a partir de una normalidad un poco forzada y quebradiza. “Trataba de evitar a toda costa que las sombras de tan arcaico y esperado evento invadieran el sosiego familiar. De pronto, casi a las diez de la noche, sonó el teléfono. Era Manuel Camacho. “Me daba las gracias por unas notas que le había enviado. Después de comentarme dos o tres asuntos secundarios, inesperadamente, me dijo:  

–Ojalá que nos podamos ver pronto.  

“Me pareció bastante extraño. Camacho se oía raro, un poco apagado; bastante lejano: su voz tenía un inquietante tono melancólico que nunca le había percibido. “Después de una jornada como la del 20 de noviembre, cuyo ritual se iniciaba con el izamiento de la bandera en el Zócalo, se prolongaba en el acto del monumento a la Revolución, para rematar en el desfile deportivo…”. “Antes de colgar, Camacho me pidió que fuera a su casa de Cuajimalpa al día siguiente en la mañana. Llegué puntual a las diez treinta, abrumado por el gran presentimiento.  

La decisión de Salinas se sentía venir (…). Cuando entré al austero, pequeño y cálido estudio de Manuel lo descubrí serio y taciturno, con los brazos cruzados, sentado a su mesa de trabajo. “Entré y me saludó afectuosamente como siempre:  

 –¿Cómo estás? Siéntate. ¡Cómo están tus hijos?  

“Tardó en comenzar. Nervioso, decidí callar y esquivar; miré a la ventana, los libros, las fotografías. Me refugié en los árboles, en las casuarinas del jardín, en los chorros de luz que calentaban y diluían la mañana. “Ya sabía para entonces que ya habíamos perdido: que Manuel Camacho no iba a ser el candidato del PRI. Así me lo había anunciado su gruesa mirada sin brillo y el tosco silencio que me agobiaron desde mi llegada. “Después de dar un sorbo a su taza de café, por fin, Manuel abrió el fuego. Me dijo:  

 –Quiero contarte lo que pasó ayer: “Estábamos el presidente y yo en el balcón central de Palacio, observando el desfile. Desde el principio lo noté un poco elusivo y parco conmigo, como que se sentía molesto, no quería hablar más de que de trivialidades. Quería evitarme. Algo pasaba. Decidí no darme por enterado y hacerle algunos comentarios sobre los problemas de la ciudad y sobre el curso de la política nacional. Le hice, como siempre, algunas sugerencias políticas pensando en su futuro. “Salinas, seco y cortante, sólo me respondió: –Manuel, eso ya le tocará decidirlo al candidato. “No necesitaba que me dijera más”.