Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 31 de agosto, 2020.- El 27 de junio de 1999, en la presentación del libro Parte de guerra el finado escritor Carlos Monsiváis, sostuvo que el 3 de octubre de 1968 era insostenible la versión oficial de lo que había sucedido horas antes. Pero ahora, con documentos tan contundentes, el olvido es una puerta cancelada, en definitiva.  

Por su parte Julio Scherer García, el otro autor expresó que no esperaban “reacciones muy específicas” a las revelaciones contenidas en ese texto.  

Parte de guerra utilizó documentos del archivo personal del general Marcelino García Barragán, quien durante el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz había ocupado el cargo de secretario de Defensa y por tal razón estaba señalado como uno de los personajes más involucrados en la masacre del 2 de octubre, tema central del libro.  

Meses después de haberse publicado el ensayo de Monsiváis y Scherer, en febrero de 2000, Carlos Montemayor publicó Rehacer la Historia, pequeño libro de noventa páginas en donde el escritor analizó meticulosamente cada uno de los documentos publicados por Scherer, así como treinta documentos que el gobierno de Estados Unidos había desclasificado dos años antes. Con ese material a su disposición demostró la participación del Estado Mayor presidencial en la preparación y ejecución de la masacre del 2 de octubre de 1968.  

Treinta y dos años después se contaba, por fin, con una versión indiscutible y contundente sobre lo que realmente había ocurrido ese día, se derrumbaban de golpe las mentiras, las acusaciones que los gobiernos del PRI habían difundido desde entonces. En febrero de 2010, Montemayor, volvió sobre el tema en el libro La violencia de Estado en México, exponiendo la existencia de una lógica en las acciones represivas del Estado mexicano durante toda la segunda mitad del siglo XX demostrando que esa lógica tuvo su máxima expresión durante el movimiento estudiantil de 1968, eje sobre el cual hace girar todo el análisis de este tema, pero extendiéndose a otros movimientos sociales.  

Montemayor puso en juego su inteligencia y enorme capacidad de análisis para descubrir las claves más oscuras de un gobierno de dos caras que por una parte se autoproclamaba como revolucionario pero que, por otra parte, cuando no le resultaba la demagogia y la simulación, no se detenía para aplicar el “mátalos en caliente”, signo emblemático de la dictadura porfiriana.  

La aportación de Montemayor fue visibilizar que en México se ignoraba que el Estado había practicado el terrorismo de Estado que, en su extremo, supone la desaparición de personas vinculadas políticamente, con organizaciones que en la mayoría de los casos estaban contra los hechos de violencia. ¿Cómo es posible que, en México, un país tan marcadamente violento, con una represión que todos hemos vivido, que todos hemos padecido de alguna manera, no existieran espacios para reflexionar y conocer la realidad sobre los actos violentos?  

El Estado que heredó el PAN no construyó alternativa alguna al viejo Estado autoritario del PRI, aunque le quitó la máscara de “Estado social”. Hoy la política en México continúa la vieja tradición del presidencialismo y esta es que está guiada por sexenios, cada seis años cambia todo. Por lo tanto, no ha existido nunca una continuidad en programas sociales, ni estabilidad en las medidas que se han tomado frente a la desigualdad, la pobreza y mucho menos contra la violencia de Estado.