Emiliano Pérez Cruz/Noticias y Debate M3

Nezahualcóyotl, 7 de diciembre, 2019.- Son las seis de la mañana. La combi avanza a regular velocidad y hace paradas continuas, guiña los fanales a los posibles pasajeros que aguardan a la orilla de la carretera. Un día más rumbo a la chamba. Aún sobran asientos, el sol apenas asoma tras los volcanes. Una pareja de adolescentes arriba y ocupa dos lugares junto a la puerta.

Los compañeros de viaje, con los brazos entrecruzados, se arrellanan, cubren la cabeza con las capuchas de sus sudaderas e intentan completar el sueño que el despertador interrumpió: rápido, se hace tarde; lávate la cara aunque sea, péinate; aunque sea dale unos tragos a tu café para que termines de despertar.

De prisa, diez minutos de retraso para abordar la combi suelen volverse pesadilla: en diez minutos el tráfico de la autopista se incrementa y en breve la velocidad baja hasta diez kilómetros por hora, densa cola de automotores avanza en la madrugada, viajeros habituales los preñan, resignados a llegar a su destino cuando lleguen: ni antes ni después.

Cuando parece que alguien subirá para llenar el último asiento vacío, la adolescente pareja actúa: a ver, hijos de la chingada, todos tranquilos y pongan en la mochila sus celulares, las carteras, los relojes: no se quieran pasar de vivos o se llevan una bala de recuerdo; no te hagas el dormido y afloja. Uno apunta al conductor, ella a los pasajeros. La niña estrecha el cuerpo de su madre, oculta la cara entre su pecho. Un hombre maduro intenta decir algo. El cañón del arma se estrella en su boca: todos colaboran, depositan sus pertenencias, si acaso meneando la cabeza, como diciendo: oootra vez La Rata.

Nadie intenta defenderse. Cada quien mira hacia la nada. En segundos el atraco se consuma, los pasajeros miran a la pareja correr hacia el puente peatonal, cruzan la autopista, ella se detiene y apunta hacia la combi. Luego mete el arma en su pretina y camina como si nada. Los pasajeros comentan entre sí: lo bueno es que no traía gran cosa de valor; a mí es el tercer celular que me roben en lo que va del año; siempre hay que darles algo, o La Rata se violenta, aunque sea simbólico hay que cooperar; no tienen madre, siempre es lo mismo, yo creo que el chofer recibe mochada para que puedan trabajar sin problemas…

Además de sus pertenencias, La Rata se llevó la confianza, el aliento, la seguridad, la solidaridad. Nadie se llama a engaño: para qué exponerse a recibir un balazo, un mal golpe: el don perdió los dientes en balde; dele pan blanco a la niña en cuanto pueda, para que absorba el susto y no le haga daño, señora; antes había hombres que la defendían a una; hombres hay, lo que no tenemos es con qué defendernos: qué casualidad que los puntos de revisión de la policía siempre están adelante de donde atracan…

Con resignación, los pasajeros vuelven a ensimismarse; aún les queda buen trecho por recorrer, y hay que intentar la siesta porque la jornada laboral es larga, y la cola de vehículos se alarga, los conductores se emperran en avanzar un trecho, la lucha es centímetro a centímetro. Y todavía habrá que ingresar al metro.