Salvador Jara Guerrero/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 7 de enero, 2019.- Cuando el niño chiqueado se tira al suelo en el supermercado y exige que le compren su golosina favorita, algunos papás optan por explicarle lo dañino que es el azúcar, que se la podrían comprar para después de comer, que mejor le compran una fruta. Pero lo que usualmente ocurre es que el chiquillo mantiene su exigencia porque su vida, aunque corta, le ha enseñado que con ese método lo va a lograr. Y lo logra. Así los papás consiguen una solución efímera al problema y se evitan el bochorno, aunque a la larga no sólo no contribuya a la educación del niño en general sino que le causará problemas serios de salud.

Como dijera Gilles Lipovetsky, estamos en el imperio de lo efímero, estamos envueltos en apariencias y seducidos por ellas. Quizá sea porque somos menos reflexivos y analíticos. Diversos estudios desde 2013 apuntan a que la inteligencia promedio del ser humano ha estado disminuyendo y las causas probables van desde el deterioro de los hábitos alimenticios, el deterioro al medio ambiente, el incremento de trastornos del sistema hormonal, la falta de yodo, la sobrepoblación entre las clases menos educadas y la escasa reproducción de quienes tienen más estudios, la baja calidad educativa, el exceso de actividades que no requieren del pensamiento reflexivo como mirar televisión, y hasta la banalización de la marihuana.

Lo cierto es que el pensamiento crítico y reflexivo está cada vez más ausente, las redes sociales atestiguan que nos pesa más el hígado y el dogma que el conocimiento. La agresión y el insulto inmediatos son más importantes que la comprensión y el acuerdo. La tranquilidad efímera y el camino rápido y fácil sustituye a los proyectos más difíciles pero duraderos y fructíferos.

Ni las decisiones populares ni las de los gobernantes parecen ocuparse del futuro a largo plazo, como el medio ambiente o el bienestar duradero, educación de calidad y salud, la economía y el bien común. La moda es resolver, sobre todo, resolver rápido, no dar tiempo a la reflexión, optar por los atajos más fáciles y más fugaces.

Las políticas son modas, las consultas y los referéndums se suman a la despenalización de la marihuana y a las propuestas de que todos los estudiantes del nivel preparatoria deben ser aprobados para no disminuir su autoestima, o que todos puedan ingresar a la universidad, en realidad el objetivo es que nadie se queje ni haga berrinche.

El mundo al revés. Las políticas que requieren el conocimiento de los expertos en materias diversas se dejan en manos del pueblo, que por mucho que esté conformado por muy buenas personas y excelentes ciudadanos sencillamente no cuenta con la información ni los conocimientos necesarios para esas responsabilidades. Con una lógica de la sabiduría popular, habría que quitar los impuestos a los refrescos y a la comida chatarra, al alcohol y a las drogas, no es justo que por ser tan caros sólo puedan tener acceso a ellos los ricos. También habría que aprobar y otorgar un título a todos los estudiantes universitarios, ellos no son culpables de su mala educación.

En contraparte, las disposiciones cotidianas que afectan directamente a las personas en sus vecindarios y a nivel municipal, las que no requieren de preparación o información especial, son centralizadas.

Evadir la responsabilidad del que sabe, del educado y del gobernante, escudándose en lo que el pueblo quiere es una deformación de la democracia, la oclocracia o gobierno de la muchedumbre. Total, si las cosas salen mal el culpable es el pueblo.

La democracia no es la sustitución de la responsabilidad del gobierno por la decisión de las masas, y tampoco es un fin en sí mismo, es el principio de tomar el parecer de todos en las materias en las que todos son capaces. Por ello un menor de edad no vota. El fin último es el bienestar de todos, duradero y sostenible.

No se trata de construir un mundo feliz a través de soluciones efímeras que a largo plazo resulten contraproducentes. A este paso pronto estaremos inmersos en el mundo al revés, lo hijos ordenando a los adultos, los legos dirigiendo a los expertos y el pueblo feliz consumiendo azúcar y viajando desde la comodidad del hogar con brownies de marihuana.