Ernesto Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 6 de diciembre, 2019.-Dicen que al presidente Andrés Manuel López Obrador le pasa lo mismo que al equipo de futbol América, o la gente lo quiere mucho o lo odia demasiado, aunque a Obrador es más, pero mucho más, la gente que lo ve bien.

El tabasqueño tiene frases célebres como: “Me podrán decir Peje, pero no lagarto”; “Me canso ganso”, “lo que diga mi dedito”;  “la prensa fifí”; “abrazos no balazos”, primero los pobres”, entre otras.

Sus detractores podrán decir misa, pero nadie puede poner en tela de juicio su honestidad y congruencia. Le duele a más de uno que haya emprendido  la lucha contra la corrupción. Es una tarea complicada y difícil, pero hay avances.

Tampoco podemos negar su persistencia  o terquedad, como lo admite el propio Andrés Manuel, al grado que el mismo presidente estadunidense Donad Trump, observó a Obrador durante años cuando andaba rancheando, de pueblo en pueblo, y  comentó que seguramente  esa tenacidad lo iba a llevar a la presidencia de México.

Seguramente en su carrera política, Obrador tuvo diferentes fases: priista alineado; perredista inconforme; jefe del Distrito Federal comprometido; luchador por la Presidencia, donde sufrió descalabros, pero sobre todo abusos del poder. La suma de todo es el personaje que ahora conocemos, que a pesar de ataques de grupos conservadores, conserva, como ningún otro Presidente, un respaldo social mayoritario.

No sé si estará a la altura de héroes nacionales como Juárez, Hidalgo o Lázaro Cárdenas, pero seguramente pasará a la historia porque en realidad está haciendo algo por transformar a este país que ha sido saqueado, ultrajado y violentado por grupos de poder económico y político que ahora pretenden responsabilizar a Obrador de lo que ellos mismos hicieron.