José K/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 8 de mayo,2020.- Casi siempre cuando detienen a estudiantes o “seudo-estudiantes” hay sentimientos encontrados porque siempre partimos de la represión de 1968 y la masacre de la Noche de Tlatelolco.

Después del movimiento del 68, el gobierno federal y de los estados (eran lo mismo) filtraron grupos de choque en las escuelas de nivel medio superior y superior, que fueron conocidos como porros. Se hacían pasar como estudiantes, pero cometían todo tipo de delitos. El objetivo gubernamental era evitar que los jóvenes adscritos a diferentes instituciones de educación pública se organizaran y repitieran hechos como el del 60 y el de junio de 1971.

Este 7 de mayo, por el delito de ataques a las vías de comunicación y por lesiones a un policía estatal, fueron consignados y vinculados a proceso un normalista y un comunero de Caltzontzin que participaron en el bloqueo de las vías del tren y en un enfrentamiento contra elementos de la Policía Michoacán, el pasado 5 de mayo, en la periferia de Uruapan.

El Ministerio Público Federal obtuvo de un juez de control la vinculación a proceso y prisión preventiva oficiosa en contra del normalista Edward C y el comunero Esteban P., por lo que fueron recluidos al penal de Mil Cumbres.

Las autoridades acreditaron que los detenidos portaban armas prohibidas y atentaron contra la integridad del policía Jacinto S. H., agente de la Policía Michoacán, a quien hirieron. Se estableció un tiempo de investigación complementaria de tres meses y fueron ingresados durante la madrugada al penal David Franco Rodríguez, mejor conocido como Mil Cumbres.

Todo parece indicar que en las ocho escuelas normales de Michoacán hay grupos porriles que manipulan a estudiantes con ideas mal entendidas de revolucionarias y a quienes buscan aventuras juveniles. Sin embargo, cometen asaltos a transportistas de diferentes productos, como verdaderos integrantes de delincuencia organizada; como el caso de distribuidores abarroteros, cuyos propietarios pagan cantidades enormes para que dejen en libertad las unidades.

Lo más grave es que muchos normalistas son obligados a delinquir y a participar en manifestaciones y en actos con los que no están de acuerdo.

Es por ello que siempre hay sentimientos encontrados cuando detienen a un estudiante. El porrismo y la delincuencia es otra herencia de al menos ocho décadas de políticos y gobiernos que hicieron cualquier cosa por mantenerse en el poder.