Emiliano Pérez Cruz/Noticias y Debate M3

Nezahualcóyotl, 26 de mayo, 2019.- Márgaro echó mano a la botella y dio un profundo sorbo. Satanás tragó saliva. Las manos le sudaban, cierta ansiedad comenzó a nacerle. Apretaba los puños y de nuevo tragaba saliva. Recordó lo cigarrillos recién adquiridos, abrió el paquete y ofreció. Vio los dedos de uñas largas y ennegrecidas alargarse y aceptar la oferta. Ofreció el fuego.

–Gracias, mi buen. Como le decía: “Si no ayudas, no estorbes”, me dijo el nuevo jefe. Pero yo era el único facultado para firmar de autorizado. En todo caso, a él le correspondía. Pero de wey se comprometía. Además, traía antecedentes. Le doraron la píldora a mi subdirector y lo habilitaron para firmar. Claro que corría riesgos, porque ante una auditoría saltaría él como usurpador de funciones, pero confiaba en hacerse de un billete y llegado el momento, a volar. No obstante, continué con mis labores… hasta que me suspendieron el teléfono, correo electrónico y equipo de cómputo. Luego decidieron suspenderme del cargo.

–Tuviste qué doblar las manitas, mi buen– exclamó nervioso Satanás.

–Amenazaron con sacarme de mi changarro por medio de los elementos de Seguridad. Cuando al otro día me presenté, los policías me impidieron el acceso. Luego supe que a mi subdirec lo hospitalizaron: no aguantó la presión para que autorizara millonadas y salió infartado: de por sí le entraba con ganas al suadero y a las gorditas de chicharrón. Yo me decidí demandar por Despido Injustificado, pero pues el tribunal adivina de quién depende: no iban a fallar a mi favor; decidieron que no estoy despedido, sino suspendido. Y que así puedo pasarme la eternidad, según los abogánsters; que mejor negocie y que lo que me ofrezcan es bueno: “De lo perdido, lo que aparezca”, me dijeron y doblaron las manitas.

–Pues agárreles la palabra, mi Márgaro, ¿a poco piensa que les puede ganar? ¿Qué fue de la familia? ¿Por qué se tiró al descuido? Todavía está en edad de trabajar, de encontrar en qué ocuparse. Porque luego, para salir del hoyo, está cabrón. Rete cabrón. Se deja uno ir hasta´l fondo y el pedo es salir. Se lo digo yo, que vio cómo andaba. Suerte que me hallé un padrino que me llevó al Doble A, que si no otro gallo me cantaba y no estaría aquí para contarlo…

–Como muchos mecsicans, no pierdo la fe, mi Satanás. Nomás estoy agarrando vuelo para entrarle de nuevo a los chingadazos. Mi doña se fue al otro lado, porque ya no la veíamos llegar con las deudas. Además, compas de la chamba llegaron a meterle que dizque yo tenía otros quereres. Supe que, mediante amenazas, el nuevo jefe los orilló. Cuando se lo proponen, te desgracian por todos lados mi Satanás. Pero no me quiebro, apenas me doblo.

El Márgaro bebió el sobrante del envase. “Qué, ¿se pone guapo con la otra pachita? Y un Jarrito de grosella, para variarle de sabor al chínguere, ¿cómo la ve?” Satanás meneó la cabeza. Recordó fugazmente sus andanzas, se levantó y fue a la vinatería. Don Camilo movió la cabeza; puso sobre el mostrador el Tonaya y la Coca.

–Que sea de grosella el chesco, para variarle de sabor a la vidorria, ¿cómo la ve? Póngale unos churrumaiz y unos cacahuates japoneses.

Retornó al baldío. Márgaro había colgado el pico. Vertió media botella de refresco en el envase de Coca, repuso el contenido con Tonaya. Meneó la mezcla, la tapó y colocó en el bolsillo del Márgaro, junto con los churrumaiz y los cacahuates. Llevó la diestra hasta su cabeza, le alborotó el grasiento cabello y se fue.