Emiliano Pérez Cruz/Noticias y Debate M3

Nezahualcóyotl, 25 de mayo, 2019.- Don Camilo, el tendero, le entregó el cambio. Sintió una presencia detrás y se volvió. No pudo evitar exclamar: “¡Quihúbolas, mi Márgaro: ora sí le madrugaste!” Margarito, apenado, inclinó la cabeza. “¿Lo de siempre, Márgaro?”, preguntó amable el tendero. Y antes que le respondieran ya tenía sobre el mostrador la pachita de Tonaya. Y una Coca de medio litro.

–¡Aguas, mi Márgaro, que con eso caga uno al estómago junto con el con el hígado!

–No me lo espantes, Satanás, que de por sí las ventas andan por los suelos…

–Pues igualito que los sueldos, don Camilo; nomás no la ve llegar uno.

­–¿Pues desde cuándo te volviste alcohólito del diablo, mi Satanás? Ya qué de tiempo que no te miraba–  respondió el Márgaro al tiempo que depositaba unas monedas sobre el mostrador y dejaba la pachita de Tonayán en el bolsillo su derruido saco.

–Toco madera, mi Márgaro: ya me voy a la chamba. Y en la tarde, al Doble A.

–Bien por usted, mi Satanás: que bueno que se retiró de la banqueta, no todos nacieron para ella.

–Usted menos, mi Márgaro: ¿qué le pasó, si tiene buena chamba? ¿Ya no es burrócrata, mi buen?

–Tenía, dijo el otro, no todo es eterno: cuando el cambio de gobierno me tocó nuevo jefe. Llegaron con las garras bien afiladas, arrasaron con todos los puestos Y pusieron a su gente, Puros incondicionales. Yo aguanté vara, lo más que pude, Y como no me podían correr porque según yo me protegía la ley, me echaron. No le hace que demandes, dijeron, pa´ cuando el tribunal resuelva ya no estaremos nosotros, así que te chinguas.

–¿Los demandaste laboralmente?

–Pues yo de créido. Como no tenía cola que me pisaran, pensé que ganaría. Y mira: pura verrr… tebra me dieron. Todavía se dieron el lujo de acusarme de corrupto, de pedir moches.

–¿Y por qué tanta saña, mi Márgaro? Se hubiera puesto flojito y cooperando; si ya sabe que en este rancho grande: el que no transa, no avanza… ¿Qué no estaba usted en Adquisiciones?

–Por ahí empezó el pedo, mi Satanás. Ya sabe usted que, aunque del barrio, a uno le inculcaron que nada de que algo se me pegó entre las uñas y me lo traje. Pobres pero honrados. Si no aprendiste desde chavo, ya no puedes cambiar. No creo que sea ley eso que dice: “El que no transa, no avanza…” Conocí mucha gente y había de todo. Y gente honrada, aunque no lo crea. La neta es que nunca nadie me pidió que robara. Ni a mí se me antojó para mi beneficio. Con un buen sueldo, ni necesidad hay. Ora, ya si se trae la ambición, es otra cosa.

El Márgaro caminó unos pasos y Satanás fue con él, lo siguió hasta el baldío. Acomodaron varios ladrillos y sobre ellos se sentaron. Bebió media botella de Coca y repuso el contenido con Tonaya. Agitó brevemente la mezcla, la destapó y bebió, bebió. “Ahhh”, exclamó y colocó el tapón de nueva cuenta.

–Se ve que todavía disfruta, mi Márgaro –Satanás sintió que la boca se le hacía agua–. Yo ya no: me empinaba enterito el frasco y ¡cuaz!, azotaba la res. Me quedaba bien jetón. Llevo dos años fuera del agua y no se crea: se me antoja. Pero me aprieto aquellitos y aguanto, aguanto vara para no caer en tentación.

–Hace bien, mi Satanás. Conque no me quiera apadrinar, todos contentos. Cada quien su vicio. El suyo es no tenerlo, y yo respeto.

–¿Y por qué fue la bronca finalmente, si no había de qué lo acusaran, mi buen?

–Si no hay, le inventan: ya sabe. Me hicieron a un lado porque me negué a autorizar compras que no estuvieran debidamente documentadas. “Tú sabes cómo hacerle”, me decía el nuevo jefe. “Por eso”, le decía yo: “porque sé cómo hacerle veo que todas estas compras están chuecas y de pilón con los costos inflados. No digo que sea culpa suya, veré con los proveedores y que me justifiquen toda la adquisición, y luego checo que todo esté debidamente en la bodega”. “No hallarás nada”, me la soltó el nuevo jefe: “Tú sabes cómo es esto. Nomás paga y ya. Son órdenes de mero arriba”.