Ernesto Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 6 de febrero, 2019.-En casi cuatro décadas, la referencia que hay de la Constitución  de México es que ha sido violentada, utilizada y reformada por diferentes grupos de poder para el bien de una minoría. En todo este tiempo han sido cientos de cartones  (caricaturas) donde hemos visto representada a la Constitución  como una mujer ultrajada, violentada y harapienta.

Este 5 de febrero la Carta Magna cumplió 102 años, con más de 600 parches, sólo queda intacta en 10 por ciento de su contenido; es tres veces más grande de su tamaño original. Según el académico de la UAM Atzcapotzalco, Alejandro del Palacio,  la Constitución fue invadida por otra de contenido neoliberal (La Jornada).

Desde la administración de Miguel de la Madrid iniciaron las modificaciones a la Carta Magna con el fin de aplicar lo aprendido en Harvard, es por ello que tuvo una visión orientada hacia la aplicación del neoliberalismo, la globalización, el libre comercio, la privatización.

Más tarde, el entonces presidente Carlos Salinas promovió varias reformas, entre ellas al artículo 27 en materia agraria, por lo que emitió una iniciativa de la ley que declaró el fin de reparto agrario y estableció la posibilidad de convertir al ejido en propiedad privada. Dicho de otra forma la privatización del campo, además de la apertura del Tratado de Libre Comercio, y el principio del fin de las empresas del Estado (nación).

En realidad, en la administración de Ernesto Zedillo no hubo cambios trascendentales, si acaso lo relacionado con seguridad social y seguridad pública. Con Vicente Fox fueron reformas en materia  de derechos humanos y trató de impulsar reformas en materia fiscal, energética y laboral, pero no se cristalizaron porque eran minoría en el Congreso. En tanto, el ex presidente Felipe Calderón realizó un buen número de reformas, casi todas ellas para fortalecer el sistema neoliberal, la privatización y el proteccionismo a los grandes capitales. A final de cuentas, la desigualdad social creció con todas las reformas constitucionales.

El presidente Enrique Peña Nieto, con las llamadas reformas estructurales, pretendió un cambio radical, o bien darle la puntilla a lo poco que queda del constitucionalismo mexicano. La venta de los recursos energéticos; reformas laborales en contra de las clases trabajadoras; mayor carga fiscal para los sectores productivos pequeños y medianos, entre otras.

La Constitución, en esencia, perdió el sentido nacionalista que trataron de impregnarle sus creadores. La ley se transformó para proteger a un sector privilegiado, nacional y extranjero, e irónicamente, justo a más de un siglo, podemos observar cómo el sistema entró en crisis  a pesar del entreguismo y la pérdida de soberanía. No hay mucho qué festejar, la Constitución murió y fue remplazada por otra, que por cierto cada vez padecemos más.

En conferencia de prensa de este miércoles, el presidente Andrés Manuel López Obrador, comentó que es difícil lograr muchos cambios en la Constitución, por el escaso tiempo de su gobierno, pero tratará de  que se lleven a cabo las reformas más urgentes que permitan  combatir la corrupción y la impunidad, porque ese es el mayor problema que ha tenido México en las últimas  décadas.