Ernesto Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 13 de febrero.- Los fenómenos naturales siempre causan pánico entre la población, en particular los movimientos telúricos. En el afán de mayor cobertura mediática muchas veces se tiende a la exageración. No obstante, los grandes desastres no avisan. En 2012 pudimos enterarnos a través de noticias alarmante que en Michoacán estaba naciendo un volcán. En pocos días la noticia se desmintió pero, como diría un amigo reportero, se vendieron “un chingo de periódicos”.

Entre el 5 de enero y el 11 de febrero de este año se han registrado en la región de Uruapan una secuencia de 3 mil 40 sismos, informó el Servicio Sismológico Nacional (SSN), sin embargo, investigadores de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), de la UNAM y el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) realizaron diversos estudios que aún están en análisis, pero que de entrada descartan el nacimiento de un nuevo volcán.

Los cinco sismos de mayor magnitud fueron de magnitud 4.1, en el periodo del 23 de enero al 4 de febrero. A decir de las investigaciones de la UNAM y la UMSNH, el fenómeno sismológico se deriva de dos posibles causas: por movimientos tectónicos o volcánicos y por movimiento magmático.

En los últimos 36 días se ha instalado equipo para el monitoreo sísmico; muestras para análisis de gases y el monitoreo permanente de la zona. Los municipios donde se han sentido más los movimientos telúricos son Uruapan, San Juan Nuevo, Paracho, Tancítaro y en menor medida Peribán y Los Reyes.

Entre marzo de 1997 y el 2000 se registraron lo que llaman enjambres sismos cerca del volcán Tancítaro. Algo similar ocurrió en 2006. Según estudios, los sismos fueron originados por un cuerpo magmático que se estaba elevando a cierta profundidad en las cercanías de este volcán. El más reciente caso, fue el 11 de abril de 2012, un temblor de poca profundidad y de magnitud 6.4 tuvo lugar en las costas del estado de Michoacán, con más de 20 réplicas de menor intensidad.

Cuando una entidad se ubica en zona volcánica, como Michoacán, no se descarta cualquier fenómeno sísmico, pero no debemos aterrorizar a la población con “ahí viene el lobo”.