Emiliano Pérez Cruz/Noticias y Debate M3

Nezahualcóyotl,  9 de mayo, 2020.- Ella despertó un día fuera del vientre de su madre, y del mundo se maravilló, sin reconocer aún que ella era la maravilla que hace inmortal a la humanidad. Ella aprendió a caminar y supo que el mundo se ensanchaba y el universo, con seres con ella, era mejor y más amable y cálido y amoroso e infinito.

Ella creció y supo que el mundo era más de lo que imaginaba, que en sus aristas más espinosas hombres y mujeres de todas las edades padecían, porque lo que pensaba de todo y para todos resultó ser de todos para unos cuantos.

No perdió el ánimo, sin embargo. Resistió a ser lo que era, porque quería ser mucho más y más: la célula de un cuerpo, el todo de la Creación, la levadura del pan, las notas de la música, el engrane del reloj.

Supo de arrullos y ternuras, de paisajes y ciudades que se abrieron a la inmensidad que ella es. Se reconoció en las otras como ella y se vio en el cielo, en la tierra y en todo lugar: en la escuela como alumna y maestra, como madre e hija; se vio en el mercado como marchanta y ofertando los productos de la tierra vueltos alimento que ella y las demás prepararían para los otros: hijos, hijas, nietos, abuelas, y entendió que a ellos debía enseñar lo que aprendía para que hicieran lo mismo y el saber fuera de todos.

Se vio en la oficina, en la fábrica, en el campo, en todo lugar, y pestañeó ante las jerarquías donde unos mandan y otros obedecen sin decir esta boca es mía…

Y supo que todo podía ser diferente; se vio en la clínica, en el hospital y se dolió del dolor ajeno y sonrió complacida porque otras como ella ayudaban a mitigarlo, hacerlo llevadero hasta aliviarlo.

Supo de su belleza y de los trucos para incrementarla y salir de con la peinadora para que los demás, ellas y ellos, se sintieran agradados porque ellos la agradaban.

Sin quererlo, nuevamente volvía a las aristas más espinosas del mundo, e hizo todo lo que pudo para no salir lastimada, porque eso dolía a los y a las demás, pequeños y grandes, blancos o amarillos, cafés o aguamielados, esbeltas y fornidos, ensimismados y bullangueras y chisporroteantes como ella, cuando supo del amor y de la vida que se ampliaba conforme vivía y más y más seres se agregaban a su existencia, de ocupaciones diversas, con formas distintas de percibir lo que ella percibía.

Se supo querida porque sabía querer, y se supo ofendida cuando a otros ofendían y porque, cada vez con mayor frecuencia, lo de todos era para unos poquísimos. Y supo que decirlo la ponía en riesgo, pero que más riesgoso era callarse, porque muchos callaban ya, y el silencio hacía del mundo, del universo, una inmensidad atristada, y la tristeza no era de un color que le agradara…

Aun así, entendió desde siempre que lo que le gustaba de la vida y la humanidad era lo distintos que eran cada uno de sus semejantes: en sus gustos, en sus preferencias, en lo que creían y en lo que no, y esa manera tan distinta de cada ser le permitía ella ser como era.

Pero supo también de las diferencias antinaturales, falsas, ideadas para que otros pocos se beneficiaran del esfuerzo ajeno. Y el porqué de esas anomalías, nadie se lo supo dar.

No entendía por qué a ella y muchas como ella se les comenzó a limitar en el mundo, reduciéndola a la casa, el hogar, los hijos, a los quehaceres domésticos, si en el mundo no había nada que ella no pudiera hacer con sólo empeñarse en hacerlo, porque de débil no tenía nada, aunque muchas como ella poco a poco fueron creyéndose menos y si no aceptaban, la fuerza siempre fue un recurso contra otras como ella, en el trabajo, al transportarse, mientras trabajaba.

Y como ella, otras se inconformaron y tuvieron que pasar muchas lunas y soles para que ganaran espacios y recuperaran todo su ser creativo, que ahora sigue haciendo esfuerzos para que en el mundo y el Universo todo, ella y muchas como ella, luzcan como ahora, con ganas de que todo lo mejor sea de todos…

Porque ellas, las que perpetúan a la humanidad, así lo quieren y por eso viven. Y más que eso: dan vida al mundo en que vivimos…

Ellas, las otras, ustedes… Tú…