Mario Ensástiga Santiago/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 15 de enero, 2020.- En el artículo anterior, prometí que en esta segunda parte abordaría algunos temas pendientes y las tareas estratégicas que en mi opinión debe realizar el gobierno municipal de Morelia, para superar el umbral de ser un buen gobierno municipal, trabajador, honesto y comprometido con las mejores causas de la población más necesitada, para superar el estatus de ser un buen gobierno local tradicional.

Todo gobierno municipal por mandato de ley tiene la tarea de dotar a la población los servicios básicos listados de los ocho incisos del artículo 115 constitucional de nuestra Carta Magna.  

Sin embargo, como lo he reiterado, además de brindar de la mejor manera, calidad y cobertura los servicios públicos, debe ser promotor del desarrollo integral, social, económico, ambiental, cultural y político de la sociedad, del territorio y del mismo gobierno, en ese sentido,  considero que el gobierno municipal de Morelia está haciendo un buen papel en la atención de los servicios públicos; en los otros temas están en curso y por ver los resultados finales.

Será el 2020 el año crucial para que objetivamente podamos conocer las luces y sombras del primer gobierno de la 4t en el municipio de Morelia, resultados que sin duda impactarán de alguna manera la votación ciudadana en las próximas elecciones por los gobiernos de Morelia y Michoacán.

El primer año y medio de gobierno por diversas razones y circunstancias se ha caracterizado en términos generales, por ser un intenso proceso de ensayo-error, de construcción de la primera experiencia de gobierno municipal para la mayoría de los integrantes del nuevo equipo político, aprendizajes, ejercicios de planeación y planificación e inicio de la operación de los programas, proyectos, estrategias y acciones establecidas en el Plan Municipal de Desarrollo 2018-2021 en función de los limitados y comprometidos recursos del presupuesto heredado por la anterior administración.

Como se sabe todo gobierno tienen tres racionalidades y ámbitos de gobierno en permanentemente juego, el político, el normativo y el operativo, reglas del juego y funciones que no siempre están en armonía y coordinación adecuada, es más, por la obsolescencia del diseño institucional y lugar que ocupan los municipios en nuestro sistema político y presupuesto federal, la mayoría de las veces se encuentran en franca tensión que les impiden funcionar armónicamente; estas tres grandes áreas de gobierno realizan un trabajo que en conjunto constituyen los resultados globales de un gobierno.

Como ya lo señalé, me parece de manera realista y comprobable, que hasta el momento el gobierno de Raúl Morón arroja buenos resultados, sólo los que por diversas razones, diferencias ideológicas, económicas y políticas no quieren ver y reconocer la gran dinámica de obras de infraestructura pública, de asistencia social y promoción del crecimiento del desarrollo del municipio de manera equilibrada entre los urbano y rural como no se había visto en los últimos 20 años, acciones de gobierno hasta donde material y humanamente es posible hacerlas, en el marco de las grandes limitaciones para los municipios de México, que inequitativa e injustamente dependen de los recursos federales y estatales.  

De alguna manera he abordado el funcionamiento de las áreas de gobierno responsables del cumplimiento y observancia de la normatividad y operatividad de los servicios públicos a la ciudadanía, particularmente me importa ahora resaltar e insistir en dos cuestiones que me parecen torales; primero, el buen funcionamiento ordenado administrativa y sistémicamente de la planeación, programación y ejecución de las políticas públicas por el área política de gobierno.

La dinámica de las oficinas de la presidencia municipal, sindicatura, secretaría del ayuntamiento y cuerpo de regidores y regidoras, se enfrentan a escenarios, cargas de trabajo y presiones cotidianas de las más diversas naturalezas, por demás complejos y sinuosos, de permanente tensión interna y dificultades para satisfacer a plenitud todas las demandas y necesidades de la sociedad.

En lo particular la oficina del presidente municipal, por su alta responsabilidad de conducción política del proceso de gobierno, debe contar con el más alto nivel de eficiencia y eficacia, cuestiones difíciles de obtener, por lo que se debe poner especial atención y tratamiento especial para mejorar la organización y funcionamiento técnico administrativo, ya que de ello depende el rumbo y sentido del buen funcionamiento del gobierno y por ende la calidad de atención a la ciudadanía.

La segunda cuestión es en relación a tener claro que sí el área política de gobierno es la cabeza y cerebro, el corazón y la columna vertebral de los gobiernos de izquierda y progresistas, son sin duda alguna las políticas públicas de asistencia y desarrollo social integral, en ese sentido el gobierno municipal de Morelia no es la excepción.

Las acciones y políticas públicas sociales son bastantes y están claramente encaminadas al bienestar de la población, si bien hay muchas de carácter asistencialista, necesarias y obligadas por la pobreza y extrema pobreza de buena parte de nuestra población municipal, hay también políticas públicas que implican interesantes procesos de mediano y largo plazos, como los 257 Concejos de Transformación Comunitaria, los 17 Centros de Bienestar que ahora funcionan y la atención a las 25 Zonas Estratégicas de Transformación y Desarrollo.

Está bien que se pinten todas las escuelas de educación primaria y preescolar, que reforesten muchas áreas verdes del municipio, que se entreguen 7 mil tabletas a niñas y niños de primaria, que se hagan casi 150 pies de casa, que se entreguen tinacos, láminas, calentadores solares, microcréditos, se mejoren y equipen unidades médicas, que limpien canales y cuerpos de agua, que se rehabiliten paredes de capillas, techumbres, arreglo de pequeñas calles, limpieza y pintura de áreas verdes, deportivas y públicas.

Pero hay otras obras y acciones que por estar enfocadas a la participación ciudadana, a la construcción de una ciudadanía consciente, participativa y plena, generan importantes cambios y transformaciones más profundas, en la organización de la sociedad, en las actitudes, aptitudes y nuevas capacidades de las personas, del territorio y del funcionamiento del mismo gobierno.