Danesda Suárez/Noticias y Debate M3

Cuando lo sacaron al patio estaba vendado, pasaba 10 horas al día así mientras lo sometían a interrogatorios violentos e ilegales, cuando lo sacaron al patio estaba solo pero él no lo sabía, tampoco supo nunca cuán grande era ese patio porque se quedó quieto en el mismo lugar donde lo dejo el carcelero, tenía miedo de moverse, tenía pánico a descubrirse, no sabía quién lo veía… nadie lo veía.

Colombia, 8 de marzo, 2019.- El miedo a la libertad es el peor porque te encarcela desde muy adentro; pero llega un momento en tu vida en el cual ya no puedes permitir que los grilletes de otros te aten las manos.  Ser libre implica tantas cosas y la más fundamental es que implica la responsabilidad de tus actos, cuando no tienes grilletes estas armado, tienes esa fuerza que todos temen, quizás por eso es normal que busquen callarte, que busquen acabar con tus alas.

Hace poco murió una persona que yo amaba hasta lo más profundo de mi ser, un hombre bueno e íntegro, con muchos defectos pero también con muchas virtudes, mejor dicho un hombre normal, alguien que amaba el futbol, a sus sobrinos, las hamburguesas, a su madre y al conocimiento mismo.

Pero también muy a su manera me amaba a mí y yo no podía entender porque lo hacía, soy un ser humano inteligente y puedo entender el argumento de sus afirmaciones, pero me sorprendía el brillo en sus ojos cuando hablaba de mí, la calidez de su sonrisa cuando estábamos juntos y la forma que tenia de referirse a mí de forma cariñosa aun cuando me estuviera retando. 

Ese hombre tuvo miedo toda la vida hasta que se dio cuenta que estaba muriendo, tuvo miedo hasta el momento en que empezó a perderlo todo y allí encontró otros miedos pero perdió el miedo a la libertad.  Alguna vez estando juntos en su habitación me dijo algo que no puedo olvidar, me contó de cómo su miedo había dejado que otros le pusieran sus grilletes que le llenaran de expectativas impuestas que él no quería realmente como propias y el cómo llevado por ese temor había terminado por hacer caso y entrar en el juego de las estrategias.

Al final los “deberías” ajenos no estaban con nosotros en esa cama, esos “deberías” se habían quedado lejos y habían sido reemplazados por las cosas realmente importantes, por la palabra del amigo a la distancia, por el abrazo nocturno de la madre, por los cuidados esmerados de la hermana, por las travesuras de los sobrinos, por el poquito de sol que se colaba por la ventana a la mañana y los momentos en los cuales entre chismes y cantos se sentía uno más.  Soltar los “deberías” fue su liberación y ahora a la distancia de la muerte siento que su enseñanza también me dio la llave a mi libertad.

Algunos tienen grilletes de metal fríos y sucios, muchos tenemos grilletes mentales, grilletes que nos pusieron otros o inclusive que nosotros mismos nos pusimos, justificantes en contra de la acción, excusas para no vivir; porque el hacerlo con una libertad consiente es un estado peligroso. 

Nos encontramos inmersos en una realidad donde un millonario con peluquín e ínfulas de fascista gobierna el país más poderoso del planeta, donde cada día miles de personas intentan pasar en precarias embarcaciones mares peligrosos para llegar a una Europa que los recibe con miedo o indiferencia, donde África se nos hizo visible por una enfermedad y el terror a que llegara a nuestras cómodas residencias, donde un país como Colombia vota en forma absurda, irresponsable e idiota por el NO a la paz.  Es verdad nos encontramos en una realidad donde la matrix parece un juego de nenes.

Aquellos que despiertan, les dicen activistas, locos, anarquistas, peligrosos, tontos, “especiales”, inocentes etc.  A los que despiertan les toca encontrarse con muros de todo tipo cemento, rejas, muros de indiferencia, corazones duros como el acero, corrupción, falta de valores morales, falta de oportunidades. 

No es una tarea fácil pero alguien tiene que hacerla, el cambio, las revoluciones empiezan con ideas y esperanza; no podemos seguir presas del miedo pensando que el Facebook  (la nueva forma de decir y no hacer) es todo lo que tenemos.  Despertar duele pero es un dolor placentero, la felicidad no es la ausencia del dolor sino el saber tomarlo y hacerte fuego con él. 

Ese hombre, ese amigo, esa alma hermosa no se ha ido, su despertar me forzó a abrir los ojos a decirme “mierda no puedo seguir atrapada” a entender que tenía el derecho a decir NO a decir SI y a vivir según mis propios lineamientos a tomar todos esos “deberías” y hacer con ellos palabra, acción, reacción y vida.

Empecé a mover la mano, mientras la sangre seca convertida en costra se resquebrajaba, había escuchado que la sangre está hecha de hierro, decidí lamerla, me supo ha hierro. De esta forma entendí que el grillete se había roto y que era yo quien tenía el deber de abrir la reja.

A VOS.