Miss Editoriales/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 17 de febrero, 2019.- Este sábado renunció a su militancia en el Partido de la Revolución Democrática el exdirigente estatal, Carlos Torres Piña, dijo que con varias personas más, aunque nada significativo sobre todo por el estado casi catatónico en el que se encuentra el sol azteca, en lo que es prácticamente el último bastión que le queda: Michoacán.

Aunque más que en estado catatónico, la realidad es que el PRD está más muerto que Juan Gabriel, aunque, al igual que con el Divo de Juárez, hay quienes aseguran que está vivo o incluso se atreven a asegurar que algún día resucitará. Lo que seguramente no ocurrirá en ninguno de los dos casos.

A partir de las divisiones que siempre existieron en ese partido y con mayor agudeza a partir del surgimiento de Morena, el sol azteca se fue desmoronando; algunos se fueron por convicción y otros por conveniencia pero el asunto es que cada vez son menos.

Y es que el PRD se desdibujó por completo. Sus fundadores se fueron decepcionados de las guerras internas, sus líderes se fueron a otros partidos y triunfaron, poco a poco se fueron perdiendo cargos de elección popular y Michoacán quedó como uno de los últimos resquicios del sol azteca.

El problema fue que a pesar de lo emblemático –Michoacán fue la cuna del PRD-, se quedó con un gobernador, Silvano Aureoles, que se alió con el PRI, primero con el expresidente Enrique Peña Nieto y después apoyando al candidato presidencial del tricolor, José Antonio Meade. Y todo le salió mal, tanto al mandatario como al partido.

Se dice que la historia es cíclica, y así, el PRD que vio su primera luz en Michoacán, será en ese mismo estado donde pronunciará sus últimas palabras.