Geraldina Colotti/Solidaridad con Venezuela

Caracas, 10 de julio.- Quienes permanecieron vigilantes con respecto al funcionamiento de este sistema mundial, gobernado predominantemente por los mecanismos de ganancia capitalista y por los intereses de las grandes multinacionales, saben que la retórica sobre los derechos humanos a menudo es utilizada como una pantalla por quienes niegan los derechos humanos desde lo básico: en cuanto consideran que es un privilegio el derecho a la alimentación, la salud, la educación, es decir, el derecho a una vida digna.

 Aquellos que son conscientes de la asimetría que gobierna la geopolítica actual saben que la función de las grandes instituciones internacionales está controlada o dirigida por el gendarme norteamericano, sin el cual no puede pasar ningún cargo de gerencia. Aquellos que consideran la acción política como el resultado de un choque de intereses, es decir, como resultado de una lucha de clases, enmarcan las figuras de los gerentes en estos términos. Y desde esta perspectiva, también leerán el vergonzoso informe de Michelle Bachelet sobre los “Derechos humanos en Venezuela”.

Una declaración unidireccional que parece responder más a la “Gringolandia” de la cual depende el nombramiento de Bachelet como Alta Comisionada para los Derechos Humanos que a la República Bolivariana de Venezuela. Un documento que parece más una fotografía de la “democradura” existente en el Chile de la Sra. Bachelet que de la democracia participativa de Venezuela. Una relación mentirosa que sigue la filosofía de los partidos del “centro-izquierda” modelo europeo, los cuales, a fuerza de no querer alinearse a ningún lado de la barricada, terminaron por ser primero ellos mismos la barricada, y luego por saltar decididamente hacia el campo de los opresores. El abrazo de Bachelet al joven nazi venezolano Lorent Saleh, graduado del Parlamento Europeo como defensor de la “libertad de opinión”, es una imagen que contiene la inversión mortal de significado, a la que la ex presidenta chilena se ha prestado y se presta. 

Por lo tanto, los 70 puntos con los que el gobierno bolivariano se dedica a desmantelar el informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas son casi conmovedores, basados en hechos y no en los prejuicios impuestos por el sistema que hoy defiende a la antigua Bachelet “allendista”. Por lo tanto, resultan casi conmovedores esos llamados incesantes para el diálogo y la paz – una paz con justicia social, y no la paz del sepulcro que impone el capitalismo a los sectores populares -, dirigidos por el presidente Nicolás Maduro a la oposición y a quienes la apoyan desde afuera. ¿Qué “dictador” habría invitado a Bachelet y habría abierto las puertas como lo hizo Maduro, extendiendo su mano y recibiendo las puñaladas habituales en respuesta?

Desde 2002 hasta el presente, desde Chávez, que regresa victorioso del golpe de Estado sosteniendo en una mano la cruz, y en la otra la Constitución, a la liberación de los líderes golpistas que inmediatamente comenzaron a morder de nuevo, la escena se repite. Y no es suficiente resaltar el indudable resultado político que llevó a Bachelet a reconocer la legitimidad del gobierno bolivariano, presidido por el legítimo presidente Maduro. La luz artificial del “autoproclamado” presidente interino ya se había empañado gracias a la  inteligente acción de la diplomacia bolivariana y a los “nervios de acero” mantenidos por la resistencia popular dentro del país: a pesar de todos los ataques llevados a cabo por la banda de golpistas y estafadores que quiere apoderarse del país a toda costa.

El punto principal a considerar es la naturaleza concreta del proceso bolivariano: el de una revolución inacabada que las fuerzas del imperialismo quieren bloquear por cualquier medio, o al menos asegurar que se hunda, permaneciendo en medio del vado. Veinte años después de la victoria de Chávez en las elecciones presidenciales, a pesar del consenso y el poder político, los grandes capitales aún logran hacer el buen y el mal clima en Venezuela, imponer una guerra económica y un tráfico paralelo de dólares, y ahora buscan “dolarizar” el país.

¿De qué autoritarismo habla Bachelet? Mirando las cosas desde Italia, donde ningún gobierno quiso aprobar impuestos sobre las grandes fortunas, la ley discutida por la Asamblea Nacional Constituyente indica que hasta ahora, las grandes fortunas, que abundan en Venezuela, han pagado, o más bien deberían haber pagado, 0,25% por año.