Ignacio Ramírez/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 10 de noviembre, 2019.- En nombre de la democracia se han cometido en el mundo un sinnúmero de agresiones, entre ellas los llamados golpes de Estado. Por hablar tan solo de América Latina diremos que desde a finales de la década de los 40 del siglo pasado ha habido una serie de movimientos golpistas en países como Uruguay, Chile, Argentina, Brasil, Perú, Paraguay, Uruguay, El Salvador, Guatemala, y más recientemente ha habido intentos en Venezuela.

 Sin embargo, en estos momentos es Bolivia el que está padeciendo un nuevo intento de golpe de Estado. En todos los casos ha estado la mano que mece la cuna por parte de Estados Unidos,  porque donde quiera tiene fuertes intereses económicos y políticos.

 El presidente Evo Morales está enfrentando la oleada de violencia que pretende derrocarlo. Se trata de grupos neoliberales y conservadores que argumentan que hubo fraude electoral en octubre pasado, donde Evo obtuvo 47 por ciento de los votos, y Carlos Mesa, de la alianza Comunidad Ciudadana, el 36.5 por ciento.

 En Bolivia ha habido 12 golpes de Estado. Pero en esta ocasión los grupos conservadores pretenden derrocar a Evo Morales, porque quienes han ostentado el poder no les interesa que este pequeño país haya tenido un crecimiento anual de 4.9 por ciento, el más alto a nivel latinoamericano; además redujo la pobreza en 25 por ciento.

 Es cierto, “nacionalizó empresas para el Estado que garantizan el pago de los bonos emitidos por éste; hay estabilidad económica que  mantiene al país alejado de la crisis; se garantizó la soberanía alimentaria para toda la población, y se crearon empresas estatales de gran capacidad productiva que son, además, considerables fuentes de empleo”. (La Jornada, 10 de noviembre, 2019)

 Lo que ocurre en Bolivia es una buena lección para México, porque no podemos negar que hay grupos conservadores que quisieran derrocar al gobierno obradorista, y aunque el gobierno estadunidense nos mira con una sonrisa con dientes pá fuera, es evidente que no está de acuerdo con las medidas económicas que atentan contra sus intereses. ¡Aguas!