Salvador Jara Guerrero/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 26 de abril, 2020.- Estamos viviendo una revolución cultural. Acostumbrados a tomar las cosas a la ligera, a bromear acerca de todo, a llegar tarde, a convivir con una cercanía mayor a las que están habituadas otras culturas. Hoy estamos inmersos en una emergencia mundial que nos obliga a darnos cuenta de que no vivimos solos y que lo que hagamos y hagan los demás nos afecta a todos. Deberemos desarrollar nuevas prácticas y otros hábitos.

El aislamiento obligado ha hecho que valoremos muchos más la comunicación digital, desde los mensajes de texto hasta las videollamadas. Ahora eso no sólo es cosa de jóvenes.

La globalización ha roto en muchos sentidos las fronteras. Pero es en la comunicación en línea que esos límites se han borrado prácticamente. Se han incrementado notablemente todas las actividades relacionadas con lo digital, muchas actividades laborales y sociales ya no requieren la presencia física, porque que pueden realizarse desde casa.

Desde hace tiempo vemos la tendencia hacia la digitalización, sin embargo, el futuro nos ha alcanzado y hoy día esa tendencia se convierte en una necesidad ante las amenazas de la pandemia del Covid19.

Los hábitos juveniles de comunicación a través de las redes sociales y los sistemas remotos son comunes desde hace años, pero sin duda existe una brecha generacional en su uso. Especialmente en el sistema educativo, ni las instituciones, ni los profesores y menos aun los padres de familia están preparados para este cambio radical.

Se estimaba que en los próximos años más de la mitad de los trabajadores requeriría formación y capacitación digital, especialmente en las relacionada con el análisis de datos, el desarrollo de software y aplicaciones de internet de las cosas, comercio digital y redes sociales.

Las tecnologías emergentes no se colocan aún en el centro de los modelos educativos y de capacitación laboral. A pesar de que existe suficiente evidencia de que la combinación de clases en línea y sesiones presenciales muy exitosa. Por ejemplo, sabemos que el uso de modelos híbridos en educación, que combinan los cursos presenciales con el trabajo en equipo y la utilización de plataformas de apoyo otorgan ventajas que la educación tradicional presencial no permite, como el diseño y desarrollo de trayectos a la medida de las necesidades del individuo y la institución. La flexibilidad de estos modelos asegura tasas de terminación muy altas y su flexibilidad facilita la apertura de carreras “no convencionales”

Por lo pronto no esperamos regresar a las actividades cotidianas presenciales por lo menos en algunos meses y seguramente no será ésta la última emergencia sanitaria que nos obligue a trabajar digitalmente y frente a los retos actuales los avances que tenemos en comunicación y hábitos digitales son con mucho insuficientes.

Antes de la pandemia, ya era notorio un incremento importante en el mercado de la ciencia de datos como resultado de la digitalización, la automatización y la Inteligencia Artificial y se estimaba que, dentro de los próximos 25 años, más de la mitad de los trabajadores requeriría formación y capacitación permanente debido a la aceleración de los cambios en ciencia y tecnología, especialmente en áreas como el análisis de datos, el desarrollo de software y apps, y en e-commerce. Sin duda que hoy estos números se quedan cortos.

Aunque hoy día ya millones de jóvenes en el mundo estudian a distancia con el apoyo de sistemas en línea, muchos más millones lo deberán hacer por necesidad. La coyuntura internacional es una oportunidad para que las Universidades fortalezcan sus sistemas de educación digital para impactar a toda la comunidad, alumnos, profesores, trabajadores administrativos y padres de familia. Iniciar inmediatamente la capacitación digital podrá mejorar en muchos casos la comunicación familiar y en algunos hasta la comunicación de los profesores con sus estudiantes.

Sin embargo, lo anterior exige también nuevas habilidades en los jóvenes. Entre otras, una mejor comunicación escrita, mayor organización, mejor pensamiento crítico, y habilidad de autoaprendizaje. Y en los adultos, en primer lugar, la alfabetización digital.