José K/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 20 de febrero.-El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, ha reiterado en innumerables ocasiones que el problema más grave del país es la corrupción, que en buena medida es lo que provocado el empobrecimiento de millones de mexicanos.

También ha dicho que el problema más sentido de los mexicanos es la inseguridad y la violencia, obviamente que esta situación tiene mucho que ver con el lastre de la corrupción. Obrador habla de la simulación con la que trabajaron los últimos gobiernos federales y estatales. De hecho, dijo, unas autoridades tapaban a otras.

Por mencionar solo tres administraciones, la primera de Vicente Fox que prácticamente dejó que se moviera la delincuencia organizada a su antojo. Hay quienes aseguran que pactó con ellos, como sus propios hijastros, que decían andaban en malos pasos.

Felipe Calderón  emprendió una  guerra contra el crimen organizado que dejó más de 120 mil muertos. No tuvo mayores consecuencias, finalmente los grupos delictivos se reagruparon. Y Enrique Peña Nieto  continuó por el mismo camino, con más de 140 mil personas muertas. Su estrategia consistía en detener a los cabecillas de los cárteles, como si eso frenara a los delincuentes.

Todo parece indicar, que nunca antes hubo tanta corrupción en todos los sentidos y en todos los ámbitos. Negociaron con el crimen, y gente del poder se involucró en negocios ilícitos. Por ejemplo, en Michoacán prácticamente desapareció el cártel de Los Caballeros Templarios, pero se fortaleció el grupo delictivo de Jalisco, y se fortaleció otro grupo delictivo local.

Lo dijo López Obrador, nunca hubiera crecido tanto el crimen  de no haber sido protegido y aliado de grupos de poder. Definitivamente, no tienen ningún sentido  continuar con la misma  estrategia de seguridad de los sexenios anteriores. La única oportunidad, por el momento, es la creación de una Guardia Nacional, aunque les pese a algunos gobernantes y partidos políticos que fueron parte de la corrupción, porque nunca hicieron nada por frenar o intentar cambiar la situación que dictaban sus mandos mayores.