Ignacio Ramírez/ Noticias Y Debate M3

Morelia, Mich., 17 de julio, 2019.- En el libro Pláticas de ayer y hoy, el maestro Samuel Calvillo recuerda lo que fue Morelia a principios del siglo pasado y décadas después. Dice que tenía unos dos años (1917) cuando su padre lo llevó a ver a “los colgados” sobre lo que ahora es avenida Acueducto, entre el monumento a Las Tarascas y Ventura Puente, que en ese tiempo era el Camino Real.

“Como a los dos años de mi existencia privaba  en Morelia un ambiente de inseguridad  (tiempos de la Revolución Mexicana), debido a los permanentes robos que sufrían el comercio y las casas particulares, que era obvio incluso en el tránsito de las calles. Una mañana –tendría yo unos cuatro años entonces—la población despertó con la novedad de que había unos individuos colgados en los árboles, cuyas enormes frondas llegaban a juntarse con el acueducto que antiguamente traía el agua desde los filtros de la ex hacienda El Rincón.

“Mi padre –y en esto creo que obró mal—me tomó de la mano y me llevó a ver a los colgados: eran nueve cadáveres que pendían amarrados del cuello y sujetos a las ramas de los árboles, de tramo en tramo, comenzando en donde se encuentra ahora la Escuela Normal y hasta confluencia con la hoy avenida Ventura Puente. Aquellos  sujetos daban una impresión de inconfundible miedo y constituían un espectáculo, más que deprimente, espantoso.

–¡Los colgados!, ¡los colgados!, ¿ya los vieron?  –-se decían unos a otros—son nueve, es horrible. Nadie supo quiénes fueron los que sufrieron ese bárbaro castigo, ni el por qué. Años más tarde se dijo que eran bandoleros, asaltantes y ladrones, sacrificados para escarmiento de quienes anduvieran en malos pasos y para tranquilidad de la población. Es una de las vivencias que me quedaron guardadas y que aún conservo en mis recuerdos, como una página oscura en la historia de nuestra ciudad”.