Danesda Suárez/Noticias y Debate M3

Colombia, 20 de febrero, 2020.- La noche del 30 de diciembre de 2004 ocurrió lo que sería una de las mayores tragedias de la historia Argentina, 194 personas en su mayoría jóvenes murieron asfixiadas por el humo en La República Cromañón una disco o un boliche como le dicen allá, habían ido a despedir el año escuchando al grupo de rock Callejeros; en medio del concierto uno de los asistentes lanzo bengalas a pesar de su prohibición por parte los músicos y los organizadores, una de las chispas prendió el techo del lugar, en poco tiempo se hizo un agujero de fuego, se fueron las luces y se acabó todo para muchas víctimas, sobrevivientes, familiares y amigos.

Tiempo después se han tomado medidas penales y civiles sobre las responsabilidades de la tragedia, el manager del grupo y el administrador del local pasaran algún tiempo en la cárcel; pero ¿Cuál es la justicia que se puede esperar en este caso? Se ha acusado a los padres de ser violentos, se ha incriminado al gobernante de turno Ibarra y al jefe de bomberos de negligencia y corrupción, se ha atribuido a las victimas el haber provocado el incendio y a los músicos de incitar al desorden criminal. La verdad quizá ninguno y quizá todos sean responsables de la tragedia, unos por no cumplir las normas para este tipo de eventos y locales, otros por dejarse llevar por el dinero ilícito y la ilegalidad, otros por incitar odios, otros por dejar llevar el descontrol a su público y claro esta quien prendió la bengala y los que lo vieron hacerlo y no dijeron nada.

Ahora todos sabemos que las noches tienen agujeros más pavorosos que las pesadillas infantiles…la disco se convirtió en una cueva de fuego difícil de escapar donde unos nunca salieron y otros el 40% aproximadamente de las victimas volvieron para ayudar quedando encerrados en su tumba de cemento; me imagino que se puede pensar y como se puede enfrentar una circunstancia similar y me doy cuenta que no funciona el meditar al respecto, tienes que estar ahí con la realidad visceral frente a tus ojos para saber cómo actuarías, tal vez sería de los que volvió, un acto solidario impulsado por la adrenalina, el desespero y el amor al prójimo que puede tener graves consecuencias y grandes historias heroicas, tal vez quedarse afuera impotente, mudo, abatido y presa del miedo actitud para nada cobarde si se tiene en cuenta que somos seres humanos y como tales tenemos instinto de conservación, tal vez no se y espero nunca nos toque enfrentarnos a una situación tan desventurada.

No es la primera vez que ahí un incendio, no es la primera vez que se presenta una tragedia en la historia musical, basta con recordar la canción Smoke on the Water de Deep Purple uno de los temas más importantes del rock surgido del incendio que en 1971 presenciaron Ian Gillan y Rober Glover integrantes del grupo que habían ido a escuchar a Frank Zappa and the Mothers en un casino a orillas del río Geneva en Suiza; en esta ocasión también un asistente lanzó una bengala que hizo arder el local afortunadamente con consecuencias menos nefastas que en La República Cromañón.

Podríamos despotricar del fuego y pensar que está acabando con la juventud, una conclusión bastante apresurada e idiota si vemos que son otros los flagelos que cobran las víctimas, la corrupción, la pobreza, la irresponsabilidad y sobretodo la falta de oportunidades, igual los accidentes en ocasiones provocados por manos criminales y negligentes siempre ocurren y seguirán siendo una constante en la historia; en 1999 fue una tormenta eléctrica en la capital de Bielorrusia la que provoco una estampida a la salida de un concierto esta vez con un saldo fatal de 55 víctimas aprisionadas en la estación del metro y en febrero de 2008 un pánico repentino presentado en un recital en Indonesia termino con la vida de 10 personas, podría seguir citando eventos fatales y en pocos minutos tendría una lista interminable de tragedias casi todas de índole previsible y en ocasiones pronosticadas pero que no fueron atendidas correctamente por nadie.

Será mejor imaginar que esto no seguirá pasando tan frecuentemente porque se tomara conciencia sobre la necesidad de la diversión responsable cobijada por la seguridad, igual ello es bastante complicado de cumplir basta con que en una noche se visiten algunos de los locales de la ciudad y se descubrirá que la prevención para evitar casos de emergencia es irrisoria y hasta inexistente.

No solo debemos responsabilizar a los organizadores y administradores, que tal si también tomamos conciencia que el ser consumidores de este tipo de esparcimiento también implica la responsabilidad de proteger nuestra vida y la del otro por medio del respeto y una actitud comprometida, no se puede seguir pensando que en justificación de la libertad mal entendida se genere una rebeldía idiota frente a las normas creadas para cobijar la integridad física y psicológica de todos.

Los padres no deben de enterrar a sus hijos, no deberían existir las interminables listas de víctimas y heridos, no debería permitirse que la diversión, el canto y la alegría se conviertan en lágrimas, sangre, dolor y muerte, los amigos no deberían descansar en las malditas bolsas negras a causa de nuestra propia incapacidad de pensar para la libertad y a vida; tal vez Jacquelin, Gustavo, Hugo, Ariel, Roberto, Luis Alberto, Vicky, Jorge Manuel, Cecilia… sean nombres que no te digan nada, yo espero que sí, que esta tragedia sirva para despertar del letargo a todos lo que se durmieron en la ineptitud y la estupidez.

@danesda (tiwtter)