Ernesto Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 28 de marzo, 2019.- Es cierto lo que escribió John Steinbeck en su novela Tortilla Flat, en la que asegura que las fiestas en México se convierten en un marco de referencia, lo que significa que los vecinos de los ranchos y colonias comentan, para referirse a otro acontecimiento, si fue antes o después de la fiesta.

Los 15 años de Blanca, la hija de Chimino, fue algo parecido, porque desde que tenemos memoria no recordamos otra fiesta de tal magnitud, sobre todo cuando hablamos de una familia sencilla que hizo un enorme esfuerzo para llevarla a cabo.

Esa ocasión llegamos desde un día antes al rancho de Chimino. Un amigo de mi hermano Alfredo llevó una camioneta de redilas, donde llevó chamacos del barrio que trabajaban con él en el negocio de refacciones usadas en Santa Cruz Meyehualco de la Ciudad de México.

Han transcurrido muchos años, éramos  jóvenes. Íbamos todos los hijos de El Matador y La Güera. Nos disputábamos las camas de la casa de Chimino para que no nos tocara suelo. La verdad que tan solo  con los de mi familia armábamos una buena fiesta. Fue agradable ver al tío Longinos, acompañado de Benito, Lencho y mucha gente de Higuerillas, Bañé, Arroyo Zarco y Santa Ana. Además de familiares  del Distrito Federal.

Desde un día antes mataron el becerro para hacerlo barbacoa; lo mismo que un cerdo, y guajolotes para el mole. Chimino echó la casa por ventana. Mi hermano Alfredo  fue padrino de pastel y junto con el Pelos ayudaron a comprar cerveza, refrescos y pulque. Pero además Alfredo llevaba en su cajuela una caja de brandy tan solo para los familiares más cercanos.

Se acondicionó un patio, cerca del establo, para que se celebrara el baile y el vals de la quinceañera. En esos días no había energía eléctrica en el rancho. Así que Chimino contrató una planta eléctrica para que tocara la banda de música e iluminara la fiesta.

Lo cierto es que de la misa no recuerdo mucho, no sé bien si fue en la antigua iglesia de Santana Ana o en Aculco. Pero creo que varios de nosotros no fuimos, porque desde temprana hora  comenzamos con las carnitas, cervezas y el vino.

Al filo del mediodía vimos entre las lomas un automóvil blanco, no  le dimos mucha importancia. Al poco rato un Mustang Cobra  color blanco llegó al rancho de Chimino. Era Alberto Priego, El Güero. Mi hermano El Pecas lo había invitado, trabajaba con él, junto con Arturo Peniche, en el lavado de carros, que estaba sobre Ermita Iztapalapa, a la altura de la desviación al Panteón Civil.

–¿Qué pasó Güero, como fue que diste con el rancho?—Preguntó Alfredo.

–Preguntado, El Pecas me invitó y me explicó cómo llegar. Primero en Aculco me dijeron dónde  quedaba Santa Ana y luego allí pregunté por el rancho de Chimino. No fue tanto trabajo.

A esa hora ya habían llegado mi prima Coca y su esposo Marcos. Venían a bordo de una camioneta Renault, de las que se utilizaban en la empresa Teléfonos de México. Fue una de las pocas ocasiones que fueron al rancho, mi hermano El Gordo, Fernando y El Willy. Nunca les atrajo el lugar, como a los demás hermanos.

A la hora de la comida, varios de nosotros ya no estábamos tan sobrios. Pero estuvo riquísima la barbacoa enchilada, y qué decir del mole de guajolote acompañado de una cuchara de arroz. Fue una buena comilona. Recuerdo que una persona mayor guardaba entre su camisa un poco de carne.  Le dijimos que tomara una bolsa y se llevara lo que quisiera, aunque  no faltaron dos o tres personas que pusieron cara de fuchi.

Para cuando comenzó el baile, El Güero, Alfredo, Marcos, y varios más ya estábamos hasta las chanclas. Del baile no recuerdo mucho, solo que había mucha gente bailando al compás de la banda. Cuando concluyó el baile partimos en la camioneta de redilas rumbo al hotel de Aculco. Al Güero  le tocó en otro hotel junto con su esposa Olga y sus hijos.

Al rato regresó:

–¿Qué no encontraste tu habitación?—preguntó alguien

–No encontré ni el hotel—respondió.

Me imagino que  seguimos bebiendo durante la noche, para la mañana del siguiente día ir al recalentado a la casa de Chimino.

Cómo olvidar la fiesta. Ahora ya no están con nosotros, Chimino, su hijo Gelasio. El Matador, La Güera, ni mis hermanos Lalo y Chayo. Tampoco el Güero ni su esposa Olga. Es cierto, muchas veces al referirnos al rancho, preguntábamos su había sido antes o después de los 15 años de Blanca.