Ernesto Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 3 de marzo, 2019.-La extracción de madera ilícita, la pobreza e incluso el surgimiento de grupos delictivos han hecho de la meseta purépecha un lugar cada vez más difícil para vivir. Es cierto, ante la falta de empleo, algunos artesanos se han visto en la necesidad de tomar madera ajena.

Pero también, desde hace poco más de una década se instalaron grupos delictivos que fueron a golpear la ya endeble economía regional.

La situación es clara: la región de la meseta ha perdido más del 60 por ciento de su zona boscosa; hay un elevado índice demográfico, y un olvido por parte de los gobiernos, sobre todo a nivel federal que ha limitado la entrega de presupuesto, mientras que las necesidades siguen creciendo, lo mismo que los problemas.

Hay periodos de aparente tranquilidad, sin embargo de repente se convulsionan las comunidades originarias, que si bien es cierto, la mayoría cuentan con educación básica, aún falta mucho por hacer, no obstante que hay cientos de maestros surgidos de estos pueblos,  y algunos otros profesionistas, pero muchos de ellos  han abandonado sus lugares de origen.

En épocas de estiaje, en pueblos  regiones de la Meseta, en municipios como Paracho, Cherán, Nahuatzen, entre otros, se levantan enormes tolvaneras  porque las tierras que antes fueron bosques ahora son zonas agrícolas y ganaderas, muy pobres por cierto. Y todavía observamos cómo la gente sigue bajando con bestias troncos  de los montes. La primera necesidad es sobrevivir, porque son miles de familias que  viven de la fabricación de artesanías de madera y muebles rústicos.

Hay comunidades purépechas que prácticamente se han quedado sin bosque. Es urgente  un programa como el que anunció el presidente Andrés Manuel López Obrador, de cultivo de árboles y del uso sustentable de los recursos forestales, porque aún es tiempo de revertir la triste realidad de estos pueblos que desde hace siglos reclaman un mejor equidad y mejor trato.