José K/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 15 de enero, 2019.- Las tortugas marinas de diferentes especies, que arriban a Michoacán están en peligro de extensión. La situación más delicada es con la tortuga laúd o conocida también como gigante. Hace unos 20 años sólo arribaron seis ejemplares a las costas michoacanas. Ante la intervención de autoridades ambientales ahora se cuentan hasta unas 50, distribuidas en los 18 campamentos.

Entre agosto y septiembre llegan cientos de tortugas golfinas a playas como Mexiquillo e Ixtapilla. Es un espectáculo natural que pocos mexicanos han tenido la oportunidad de observar, sobre todo cuando las pequeñas crías son liberadas en su camino hacia el mar.

La cacería furtiva, el cambio climático y la venta de huevos de manera ilegal han amenazado estas especies, pero se ha buscado un cambio en la cultura de las comunidades nahuas del municipio de Aquila, que ahora participan para fomentar  la preservación de estos equilonios.

Cada tortuga llega a depositar entre 80 y 100 huevos, son miles los que son depositados en la arena que caracteriza las playas michoacanas como uno de los escenarios predilectos para que arriben las tortugas golfina, morena y laúd, como las más importantes, pero solo sobreviven fuera y dentro del mar muy pocas.

Se ha avanzado en la recuperación de la tortuga marina, sobre todo de la especie golfina,  pero falta mucho porque aún hay robo de huevo y sacrificio de tortugas, sobre todo las que llegan fuera de los campamentos. Lo que sí, un reconocimiento a las comunidades nahuas que cambiaron la cultura de la depredación  por la preservación, de lo contrario no sería posible.

En noviembre pasado, en las playas de Colola y Maruata, de la costa michoacana,  arribaron cuatro tortugas  laúd (conocidas también como tortugas gigantes), informó la Comisión de Pesca estatal. A decir de las autoridades ambientales esta especie está en grave peligro de extinción, debido a que en los últimos tres lustros solo han llegado entre cuatro y 50 tortugas por año.

Según datos de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), en 1985 había 75 mil tortugas laúd, pero las cifras globales indican que continúa disminuyendo la población de quelonios. En 2004 se pronosticaba que en 2019  se habría extinguido, pero no es así, aunque mínima, la población se  mantiene con vida.

En los dos últimos años han sido liberadas poco menos de dos mil crías de tortuga laúd, mientras que han sido lanzadas al mar más de 800 mil de la especie golfina y unas 70 mil de la especie negra, que aun así se consideran en peligro de extinción, porque en el mar muy pocas sobreviven por tanto depredador.

Hay una veintena de campamentos tortugueros que protegen  a los equilonios, ya que fueron severamente sacrificadas por su carne y por el saqueo de huevo. Fue en noviembre de 2004 cuando inició el operativo a favor de la preservación de la tortuga laúd, sin embargo la recuperación es casi imperceptible.

Para la preservación de la tortuga Laúd se han implementado algunas acciones a nivel latinoamericano,  como en Perú, Ecuador y Colombia pero todavía muchas tortugas son atrapadas por barcos pesqueros de atún y camarón.  El 75 por ciento de estas  tortugas marinas anidan en playas mexicanas, y 65 por ciento de estas en Mexiquillo, Michoacán; el resto en Tierra Colorada, Guerrero, Llano Grande y Barra de la Cruz, Oaxaca.

La tortuga laúd es el reptil marino más grande que existe, habitan en el Océano Pacífico mexicano y alcanzan una talla promedio de 142 centímetros de largo curvo de caparazón.  Sus características anatómicas y fisiológicas la hacen diferente al resto de las tortugas. Carece de escamas en el cuerpo, el cual está cubierto por una piel suave de textura coriácea, color negro moteado de blanco. Su temporada de anidación es de octubre a abril, desova cinco veces y pone 62 huevos en promedio.