Ernesto Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 20 de agosto.-Pareciera no tener sentido lo que ocurre al interior del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), porque muchos  de sus integrantes no han entendido que el contundente triunfo del 1° de julio de 2018 se debió al trabajo e imagen del ahora presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

En Michoacán, a no pocos diputados y alcaldes de Morena y del Partido del Trabajo (PT)  les cayó  de sorpresa el triunfo electoral del año pasado, obviamente que no estaban preparados, y lejos de entender  la forma como llegaron  al poder comenzaron a auto-engañarse en torno a su enorme popularidad, pero además se han dividido  y algunos han coqueteado con la oposición, que aunque minoritaria con mucha experiencia política. No faltan quienes se sienten verdaderos líderes sociales.

Morena cuenta con  la mayoría de ambas cámaras del Congreso de la Unión; la Ciudad de México, cuatro de las ocho gubernaturas en juego, casi un centenar de alcaldías y varios congresos estatales. Las divisiones vienen desde arriba, de la dirigencia nacional que encabeza Yeidckol Polevnsky, con el Consejo Nacional presidido por Bertha Lujan, y ahora vemos la pugna entre los senadores Martí Batres Guadarrama y Ricardo Monreal Ávila que se disputan la presidencia de la Cámara Alta.

Tras perder la votación en la que buscaba reelegirse presidente del Senado, Martín Batres acusó a Monreal de haber maniobrado de manera ilegal en favor de la senadora Mónica Fernández, al permitir que legisladores ajenos a Morena votaran como si pertenecieran a esa fracción parlamentaria.

A cuatro años  de su registro formal como partido, Morena no ha logrado integrarse y menos alcanzar su reestructuración como partido mayoritario. De hecho, hay legisladores y alcaldes que no les cayó el veinte del tamaño de la responsabilidad y compromiso social, y siguen actuando como si fueran parte de la chiquillada y velando solo para su santo.

Es cierto, en Morena hay de chile, mole, dulce y  manteca. Muchos de ellos desprestigiados y considerados cascajo político, pero lograron ser  parte del poder de la noche a la mañana y se convirtieron en diputados, alcaldes o funcionarios. Todos ellos con ambiciones políticas, al grado  que olvidaron a Morena, y ahora  se perfilan por la lucha de más poder.

El  éxito electoral de 2018 se podría transformarse en una enorme derrota en 2021, pero solo sería el inicio. Muchos no entienden que ganaron por la inercia y el liderazgo obradorista, pero a título personal, algunos de ellos, cuentan con el repudio social. Habría que sumar las campañas mediáticas contra Obrador. Así que deberían ser más cautelosos e integrar una verdadera fuerza política, porque no se trata de un simple movimiento.

En noviembre próximo habrá elecciones para designar a la nueva dirigencia nacional de Morena. Si no se logra unificar a esta fuerza política seguramente se fragmentará, porque los votantes de 2018 fueron de todos los partidos, y de aquellos que no militaban en ninguno de ellos. Así que Morena no tiene nada garantizado, y así como llegó sorpresivamente, podría perder toda su fuerza, porque el liderazgo de Obrador no es eterno.