Ernesto Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 11 de enero, 2020.- No se recuerda en Torreón, Coahuila, un hecho similar como el ocurrido ayer en el Colegio Cervantes. José Ángel, con dos armas de fue en mano, mató a una maestra, lesionó a cinco compañeros y a un maestro,  luego se disparó en la frente. Sin duda una tragedia tan lamentable que tiene seguramente  varias lecturas.

Según  los directivos de la institución privada, José Ángel fue influenciado por el videojuego  Natural Selection, en el que alienígenas se enfrentan a muerte con marinos armados con ametralladoras.

Es cierto que vivimos tiempos violentos donde miles de personas son ultimadas anualmente y  sin que haya mayores consecuencias  a los agresores. También es verdad que el mundo de violencia virtual está al alcance de  cualquier niño, sobre todo  en familias que cuentan con recursos económicos.

La televisión, ya sea  de señal aérea o por cable, está plagada de violencia, que afecta sobre todo a los más pequeños que tienen problemas emocionales. Sin contar los videojuegos que son sinónimo de destrucción y muerte, muchos de estos entretenimientos son producidos con alta tecnología. Además de la influencia que han tenido los atentados en escuelas estadunidenses, donde son los propios niños y adolescentes los que los protagonizan.

Hace años, en la cabecera municipal de Nocupétaro, ubicada en la Tierra Caliente de Michoacán, una tarde observamos a un niño de unos 10 años, descalzo y con ropa precaria,  en una pequeña tienda de abarrotes cuya entrada tenía dos máquinas de videojuegos. El pequeño jugaba con uno de esos aparatos donde un hombre disparaba una metralleta a sus adversarios. Casi poseído. No sé cuánto pagaba por eso, pero es obvio que le hacía más falta un pan. No queremos pensar que sería de ese niño que vivía en el mundo virtual de la violencia; sobre todo porque su entorno real, estaba cubierto de violencia por la presencia de grupos delictivos.

Además de problemas sociales y emocionales, la descomposición social se debe a varios factores que tienen que ver con mercancías y productos nocivos para la salud mental,  que se promueven en celulares, videojuegos y medios informativos, principalmente la televisión.

Es cierto que la noticia conmocionó a millones de personas, porque no podemos negar que vivimos  tiempos de desintegración familiar y de abandono, sobre todo entre los grupos  más vulnerables, aunque no se salva ningún sector social.