José K/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 25 de marzo.- Terminé de ver la serie de Netflix sobre el crimen perpetuado en Lomas Taurinas, Tijuana, el 23 de marzo de 1994, en contra del candidato priista a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio Murrieta, y en verdad que deja sentimientos encontrados como coraje, impotencia, frustración, náuseas y pena ajena en contra del grupo de poder que gobernó en ese tiempo y que ha  teniendo influencia política a la fecha.

No se trata de una película donde hay un final feliz, sino de una interpretación de la realidad donde los que trataron de imponer justicia como el comandante Federico Benítez, que fue asesinado el 30 de abril de ese año 1994, y la esposa de Colosio, Diana Laura Riojas, quien a pesar de tener una enfermedad terminal, luchó hasta el último día de su vida por conocer la verdad sobre el asesinato de su esposo.

La historia de la serie sobre el homicidio de Colosio se basa en investigaciones periodísticas serias, y aunque seguramente tiene mucho de ficción muestra cómo si dio la lucha por el poder al interior del PRI, y cómo, al igual que ocurrió en otros sexenios, el gobierno  se manifestó como una verdadera mafia, donde no se sabía dónde terminaba el crimen y comenzaba la política.

Sin duda sorprende la perversión de José Córdoba Montoya, de Carlos Salinas de Gortari; de Manlio Fabio Beltrones, Ernesto Zedillo, y muchos otros que no eran tan perversos pero que se dejaron llevar por el poder. De la policía federal que estuvo a cargo de la investigación no sorprende mucho, porque es lo que ha padecido la ciudadanía durante décadas. Es cierto, cualquier persona inocente puede convertirse en criminal de la noche a la mañana, porque  muchos elementos de seguridad son expertos en fabricar delitos. Hay que reconocer que hay policías honestos, pero son los menos.

Dicen que en política no hay buenos ni  malos, sino intereses. Sin embargo, hemos visto que en México  ha habido  políticos verdaderamente malos, que han rayado en la ambición, el egoísmo, la corrupción e incluso  hemos conocido muchas mentes criminales. Pero es parte de la condición humana, y ocurre en  otros lugares del mundo, pero por alguna razón  en nuestro país se ha concentrado un buen número.

La vida de Colosio pintaba para un éxito rotundo, pero se convirtió en tragedia. A 25 años de su muerte, la impunidad sigue sien el signo mayor, como ocurre en México en el 95 por ciento de los casos. Sin calificar su valor político, Colosio no merecía ese destino, como el de muchos millones de mexicanos que han vivido en total desventaja y bajo el yugo del poder.