Fabián Bonilla López/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 9 de febrero, 2020.- La muerte se instaló en nuestro país. Y al parecer a ella poco le importan los colores partidistas de los gobiernos, del presente y del pasado, que al menos desde el discurso dicen querer frenarla. Sin embargo, en México sabemos que las muertes no son todas iguales, simplemente porque hay sectores de la población que sus vidas poco importan. Pues la muerte es un fenómeno atravesado por el clasismo y la discriminación. Terrible herencia de siglos de colonialismo.

Así la vida y la muerte de quien defiende la biodiversidad y los patrimonios naturales deberían de incumbirnos a todas y todos. Simplemente porque su defensa nos garantiza seguir respirando con cierta tranquilidad y el acceso a recursos vitales como el agua.

Pero los datos son contundentes, pues el 60% de los asesinatos a defensores de los territorios por su riqueza natural se producen en América Latina.
Según la organización Global Witness, un “defensor del medio ambiente” es cualquier persona que lleva a cabo una acción pacífica para proteger el medio ambiente o los derechos de la tierra. Pero paradójicamente estas mujeres y hombres son los sufren las amenazas y los ataques mortales al enfrentarse a las prácticas de explotación y extracción de recursos naturales en sus propios territorios.

Nuestro país ocupa uno de los primeros lugares de este ranking funesto. Detrás de Brasil y de Colombia. En apenas lo que va del presente sexenio se han asesinado a alrededor de 12 activistas ambientales en estados como los de Michoacán, Puebla, Oaxaca, Chihuahua, Chiapas. Precisamente donde se asientan las naciones originarias y aún persiste la diversidad natural.

Si bien el presidente Andrés Manuel López Obrador, advirtió en su visita a la comunidad ñhañhu de Amealco de Bonfil en Querétaro, que la “inseguridad es un tema que le preocupa y le ocupa” y por eso trabaja de la mano con el Gabinete de Seguridad. 

“Me preocupo y me ocupo, estoy dedicando todo el tiempo porque tenemos que lograr la paz y tranquilidad del país, ese es mi compromiso (…) Si atendemos el campo, si hay trabajo, si son buenos los salarios, sí hay bienestar habrá paz y tranquilidad”, dijo el presidente en su gira del pasado viernes.

Pero la realidad es otra, una realidad dolorosa que parece no tener fin.