Ernesto Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 16 de diciembre, 2019.- Según datos del Instituto Nacional de Migración (INM) el ingreso de centroamericanos a nuestro país se ha reducido en al menos 60 por ciento, luego del convenio bilateral  en el que México se comprometía a disminuir el flujo migratorio a cambio de que Estados Unidos no impusiera aranceles a los productos mexicanos.

Este año han sido detenidos 176 mil migrantes, mientras que en 2018 fueron 131 mil. Es entendible luego de que la frontera sur fue reforzada con miles de elementos de la Guardia Nacional.

Es evidente que el flujo migratorio a Estados Unidos se ha reducido, pero hay que subrayar que cada vez son más centroamericanos y sudamericanos que se han establecido en México. No hay cifras exactas, pero es muy evidente que podemos observar hondureños, cubanos, argentinos, chilenos en diferentes puntos del país.

Hay que aclarar que la migración sudamericana está más controlada y siempre ha estado relacionada con grupos intelectuales y académicos. El caso de Cuba es distinto, ha habido una relación permanente y de intercambio que sin duda podemos observar con frecuencia profesionistas del país caribeño en nuestra nación.

Una observación más, es que son cada vez más numerosos los grupos de hondureños que se estacionan en México, de manera temporal o definitiva, por la sencilla razón que ha quedado claro que el sueño americano nunca lo ha sido, y ahora  cada vez está más distante de ese mito, sobre todo cuando el migrante es tratado como criminal, sin importar edad ni sexo.

Es cierto que en los lugares de origen, los centroamericanos viven una pesadilla no solo por la pobreza sino también por la proliferación de grupos criminales. México y los mexicanos hemos desempeñado, en general, un papel solidario con esas personas, pero no faltan sectores retrógrada que desearían se aplicara una política dura en contra de los centroamericanos.

Durante siglos México ha jugado un papel de liderazgo que debe mantener para consolidar la unidad latinoamericana más allá de gobiernos e intereses políticos y económicos. No es fácil pero hay buenas expectativas.