Misión Verdad/Solidaridad con Venezuela

CDMX, 15 de mayo, 2019.- El sábado 10 de mayo, un oficial superior del Servicio Secreto le indicó a los uniformados que iban a sustituirlos frente a la embajada de Venezuela en Washington: “en este lado de la calle están las personas pro Guaidó, que esencialmente son del gobierno de Estados Unidos. Al otro lado están los manifestantes contra la guerra, pagados por Rusia o lo que sea”.

El día anterior, los mismos uniformados fueron filmados cuando golpearon al director de Veteranos por la Paz, Gerry Condon, luego de ser arrestado por intentar lanzar un pepino para los 15 activistas que defienden la embajada. Al igual que había ocurrido la semana pasada con la codirectora de Codepink, Ariel Gold, Condon fue acusado de lanzar un proyectil hacia dentro de la embajada y rápidamente fue liberado.

Sin embargo, el vídeo del arresto del hombre de 72 años dio la vuelta al mundo y hasta el fundador de Pink Floyd, Roger Waters, le dedicó uno de sus vídeos de denuncias contra la intervención en Venezuela.

En ese mismo lapso, The New York Times y Vice, entre otros medios, publicaron distintas piezas demonizando a los activistas anti guerra como “radicales de izquierda” y “ocupantes ilegales” de la embajada de Venezuela, a pesar de que según la Convención de Viena todas las sedes diplomáticas son territorios inviolables que deben ser resguardados por el país de acogida.

El 30 de abril, en el contexto del fallido golpe, el representante de Guaidó en Estados Unidos, Carlos Vecchio, intentó sin éxito tomar la embajada debido a una “escasa participación a su favor y una demostración sorprendentemente fuerte de quienes apoyan la defensa de la embajada”, según Pat Elder, una de las activistas que permaneció durante esos días en la sede diplomática.

Unos pocos días después, la abogada Mara Verheyden-Hilliard, defensora del Colectivo de Protección de la Embajada, escribió una carta al Servicio Secreto donde advirtió: “En este momento, la turba violenta que ha permitido cometer continuamente actos de violencia contra personas y bienes en la embajada de Venezuela está trabajando activamente para destruir las puertas, mientras sus oficiales dan permiso para el asalto y se niegan explícitamente a intervenir. Como saben, sus oficiales han sido testigos de cómo los miembros de esta turba atacaron físicamente y amenazaron de muerte a los activistas por la paz que están dentro y alrededor de la embajada”.

Durante esos días fue retratado con extrema crudeza como los militantes de la oposición hostigaron a los integrantes del Colectivo de Protección de la Embajada e incluso amenazaron a la periodista de Telesur, Alina Duarte, quien en este contexto publicó fotos de cómo la puerta de su apartamento en Washington había sido forzada.

Algunos de los videos más fuertes muestran además cómo los  antichavistas destruyeron las cámaras de la embajada, agredieron hostigaron con sirenas las conferencias de prensa de los miembros de la coalición anti guerra conformada por Codepink, Black Power,  Veteranos por la Paz y Answer Coalition, entre otros muchos grupos.

La defensa de la embajada de Venezuela por parte de activistas estadounidenses conecta con un sentimiento profundo de gran parte de la sociedad estadounidense, sobre todo si se lo compara con la violencia de la turba antichavista que desmitifica en gran parte el mito de que su lucha en Venezuela es por la libertad y la democracia. En cierto sentido, la irrupción con fuerza en la opinión pública de este pulso puede significar una de las primeras grandes operaciones políticas de un movimiento anti guerra que tiene todas las condiciones para ascender con fuerza en Estados Unidos.