Fabián Bonilla López /Noticias y Debate M3

CDMX, 1 de diciembre, 2019.- A un año del inicio del sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador, qué se puede decir de cara a las naciones originarias en este país. Un recuento de las acciones gubernamentales resulta un ejercicio complejo que rebasa los alcances de esta publicación periódica, sin embargo, se pueden identificar ciertos puntos clave a un año de gobierno.

De entrada, se puede decir que la Cuarta Transformación ha mostrado un reconocimiento ambiguo y contradictorio hacia los pueblos originarios. Sin duda, han estado representados en la narrativa del gobierno, desde la tomada de la embestidura presidencial hasta las giras a comunidades originarias en diversas geografías del territorio nacional, pero vale la pena preguntarse cómo ha sido esta representación.  

Hasta hoy se ha seguido más por los derroteros de lo espectacular y la controversia. Recordemos sólo la puesta en escena de la entrega del “bastón de mando” al presidente, que tuvo un impacto mediático incuestionable, pero que jamás se esclarecieron los mecanismos para la toma de acuerdo para hacer este acto y sobre todo saber a qué pueblos representó. Como también la exigencia de disculpa al rey de España por la masacre que significó la Conquista.

Asimismo, siguen expresándose verdaderas dudas y críticas directas la imposición de megaproyectos en territorios de naciones originarias. Para ejemplo, lo que respecta al Tren Maya, que de maya sólo tiene el título, el cual guarda una estrecha relación con otros dos de los principales proyectos de este sexenio: la refinería Dos Bocas en Tabasco y el Programa para el Desarrollo Integral del Istmo de Tehuantepec (también conocido como Corredor Transístmico). En donde se prevé una reiteración de un modelo de explotación de los recursos naturales y de la fuerza de trabajo.

Así también resulta contradictorio el retorno de políticas indigenistas. Que se podrían mejor caracterizar como un neo-indigenismo, pues si bien guarda relación con el indigenismo histórico ahora se recubre de diferentes ropajes y amplía la soberanía o la capacidad de poder del Estado mexicano. Ya sea encontrando nuevas rutas de legitimidad por medio de colocar a integrantes de pueblos originarios en responsabilidades públicas como funcionarios o ampliando el ámbito de trabajo, recordemos que este año se dio un cierto énfasis a las lenguas originarias, apelando más a lo cosmético que a otra cosa.

Por estos puntos y otros que se escapan, podemos decir que, a un año de gobierno, la Cuarta Transformación se ha mostrado ambigua y contradictoria de frente a las naciones originarias.