Ignacio Ramírez/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 2 de marzo, 2019.-“La primera vez que vio la isla, Marini estaba cortésmente inclinado sobre los asientos de la izquierda, ajustando la mesa de plástico antes de instalar la bandeja del almuerzo. La pasajera lo había mirado varias veces mientras él iba y venía con revistas o vasos de whisky; Marini se demoraba ajustando la mesa, preguntándose aburridamente si valdría la pena responder a la mirada insistente de la pasajera, una americana de las muchas, cuando en el óvalo azul de la ventanilla entró el litoral de la isla, la franja dorada de la playa, las colinas que subían hacia la meseta desolada”. (Julio Cortázar, La isla al mediodía)

Julio Cortázar nació en Bruselas en 1914. Murió en París, donde vivió los últimos 30 años de su vida, en febrero de 1984. Cuando adolescente era muy difícil entender al autor argentino. Eran sorprendentes las Historias de Cronopios y famas, donde uno apreciaba más la fantasía que la realidad,  con esos seres traviesos, rebeldes y desordenados.

Cortázar tenía cuatro años cuando su familia regresó a Argentina, procedente de Bélgica donde su padre se desempeñó como embajador. Su niñez y adolescencia  transcurrió al sur de Buenos Aires. En 1960 se publicó su primera novela, “Los premios”, y dos años más tarde, la colección de textos “Historias de cronopios y de famas. En 1963  salió a la luz Rayuela, la máxima obra que consagró al escritor.

Cortázar escribió: “No hago diferencias entre lo real y lo fantástico, para mí siempre lo fantástico procede de lo cotidiano”.

La crítica literaria Ana María Matute escribió en el prólogo del libro de cuentos La isla al mediodía que Cortázar es uno de los escritores desencadenadores de las más considerables y furibundas polémicas. Ni el hecho de que su obra sea tan profundamente ensalzada como denostada”.

Cortázar no es un escritor tradicional. Creo que es un autor complicado como El Ulises de Jame Joice, o En busca del tiempo perdido de Marcel  Proust, pero hay que entrarle, la literatura es algo así como una aventura que  siempre sobrepasa el límite de la imaginación.