Úrsula Albo/Noticias y Debate M3

CDMX, 13 de marzo, 2020.- La inteligencia artificial en redes sociales digitales puede que nos revele lo que realmente piensa la gente en su mayoría; o nos puede confundir dados sus errores en la clasificación y percepción de la información que no tienen la capacidad de reconocimiento de emociones, como el sarcasmo o la ironía.  

A pesar de que las máquinas tienen un 99.95% de precisión en el análisis de datos, al interpretarlos de manera errónea, los resultados son también erróneos. Como cuando en una calculadora tecleamos un número mal, el resultado saldrá mal. 

Sin embargo, la inteligencia artificial no pudo acercarse a la realidad con las cifras recopiladas por las encuestas, que daban por hecho la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, o la victoria de Hillary Clinton sobre Donald Trump en la carrera presidencial de Estados Unidos en 2016.  

Pero quienes sí lo pudieron advertir, fueron aquellas tecnologías, junto con científicos, que entendieron el sentir de la ciudadanía de estos países durante el análisis de los datos de su vida en redes sociales digitales, pues la inteligencia artificial ya había advertido un gran sentimiento xenófobo en dichas sociedades.  

Ante tal situación, no hay que afirmar que la inteligencia artificial lo resolverá todo, pues cuando entra en otros aspectos de la vida pública como la impartición de justicia, siempre los valores humanos y éticos serán irremplazables.  

Por tal motivo, es una desgracia que ahora los contenidos de las redes sociales digitales sean elegidos por la inteligencia artificial y no por nuestros valores como usuarios. Lo preocupante es que puede que el uso de estas tecnologías planea ser trasladada a otras industrias como la financiera o la bancaria, en las cuales obtener un préstamo para vivienda o para iniciar un negocio se base en las percepciones y valores que se obtienen de las redes sociales digitales, relegando el aspecto humano a un último término. 

Sin embargo, la pregunta aquí es: ¿el peligro son las máquinas o los valores con las que las estamos programando? Es así como nos damos cuenta que el peligro no está en las máquinas sino en los antivalores exaltados que predominan en la sociedad actual como las presunciones racistas, las cuales sólo se ven reflejadas gracias a la tecnología.