Fernando Martínez Elorriaga/Noticias y Debate

CDMX, 9 de enero, 2019.- Sin duda, recordamos que hace dos años los mexicanos tuvimos que enfrentar una cuesta de enero acompañada de la anticipación del inicio del proceso de liberación de los precios de las gasolinas, mejor conocido como el gasolinazo. En su momento, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público  señaló que del 1de enero al 3 de febrero de 2017 los costos vigentes de las gasolinas serían de: 15.99 pesos para la Magna, 17.79 para la Premium y 17.05 para el diésel, lo que se tradujo en incrementos del; 14.2%, 20.1% y 16.5% respectivamente.

El malestar social generó un conjunto de acciones vinculadas a la ola de protestas, bloqueos y saqueos en varios estados de la República. El temor al alza generalizada de productos y servicios sirvió de materia prima para los discursos de los líderes políticos, empresarios, grupos y organizaciones sociales.

Hoy tenemos que reconocer que la estrategia para el combate del “huachicoleo”, ejecutada por Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, atraviesa por un campo minado, es decir, si bien reduce el robo de hidrocarburos de un 77.6 por ciento en los 20 días recientes. “De 787 pipas que se roban al día, en promedio, bajó a 177”, de acuerdo a la información proporcionada por el titular del poder ejecutivo federal, no cuenta con instrumentos necesarios para contener el malestar social, pues no basta la promesa de que a la brevedad posible se resolverá el suministro de las estaciones de servicio.

Queda claro que el problema no es por falta de abasto en la empresa paraestatal, sino en lo relativo a la distribución, sin embargo, los adversarios políticos del tabasqueño, los cuales se cuentan por miles, tienen la oportunidad de capitalizar políticamente el descontento social y amplificarlo con una estrategia sistemática para debilitar al presidente.

El comunicado que difundió Petróleos Mexicanos (Pemex), en el que rechazó que haya desabasto de gasolinas en Ciudad de México y el área metropolitana, en donde, supuestamente menos de uno por ciento de las estaciones de servicio cerró ayer debido a que sus inventarios se agotaron por una demanda insólita de combustibles, es insuficiente.

La comprensión ciudadana se termina cuando al llegar a una estación, ésta permanece cerrada y las que brindan servicio están limitadas a la venta restringida de la cantidad de litros, sin soslayar el tiempo perdido en las largas filas de automóviles.