Pável Ulíánov Guzmán/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 29 de enero, 2020.- La ceremonia Kurhíkuaeri K’uínchekua, es una celebración de renacimiento de la cultura p´urhépecha que se realiza cada primero de febrero. Mantiene tres principios centrales, no se permite la intromisión de los partidos políticos, ni la participación de las religiones occidentales o la intervención de instituciones gubernamentales o privadas. Es una celebración originaria, autónoma e histórica del pueblo p´urhépecha.

La celebración Kurhíkuaeri K’uínchekua (ceremonia de renovación del Fuego Nuevo e inicio del Año Nuevo P’urhépecha), es una construcción histórica del pueblo p’urhépecha, movimiento que lucha por la recuperación de las raíces p’urhé en lo político, económico, social, educativo, cultural y espiritual, elemento generador de orgullo e identidad frente al mundo mestizo, organización que busca la autonomía cultural indígena, medio para el rescate y fortalecimiento del idioma p’urhépecha, sistema que crítica y autocrítica la religión católica y a los partidos políticos, símbolo de resistencia, y sobre todo, es camino para la construcción de su propio devenir histórico.

El proyecto y preparativos para la celebración del hoy Kurhíkuaeri K’uínchekua, se remontan a los años de 1979-1982, cuando diez estudiantes del Programa de Formación Profesional Etnolingüística en el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe (CREFAL), estudiaron los fundamentos históricos, espirituales y simbólicos de la sociedad prehispánica de Michoacán, con el objetivo de generar una investigación que promoviera el sentimiento de unidad entre los p’urhépecha de las distintas regiones y comunidades, entre los estudiantes se encontraban: Dámaso Calderón, Isidro Manzo, María de la Luz Valentines, Valente Soto, Sinforoso Elías, Pedro Márquez Joaquín, Néstor Dimas Huacuz, Benigno Ramírez, Juan Cornelio y Jorge Antonio Joaquín, el Coordinador Académico del programa era el antropólogo y eclesiástico Agustín García Alcaraz, y la Administradora General, la maestra Cecilia Valdovinos Soriano, a su vez, el muralista José Luis Soto González, fungía como asesor permanente. (Fuente: Entrevista a Cecilia Valdovinos Soriano 28/Ene/2016).

Bajo este marco, la celebración del Kurhíkuaeri K’uínchekua, se celebró por primera vez en el año de 1983, en las Yácatas de Tzintzúntzan, con un grupo aproximadamente de 50 personas, con la finalidad de fortalecer la cultura p’urhépecha y crear una conciencia de pertenencia, así como de fomentar la idea de luchar contra la comercialización y/o folclorización de la cultura indígena. En un inicio no existía una visión completa de lo que se quería lograr, ni la magnitud que cobraría, sin embargo, paulatinamente, con la participación de líderes comunales, académicos, comunicadores, y sobre todo comunidades enteras, se ha consolidado como una de las celebraciones contemporáneas más importantes del pueblo p’urhépecha. (Lorena Ojeda / Una etnia mexicana frente a su patrimonio cultural inmaterial el caso de los p’urhépecha de Michoacán).

El contexto histórico del surgimiento de ésta tradición entre los p’urhépecha, se encuentra en general, predominado por luchas campesinas e indígenas durante la década de 1970-1980, con movimientos sociales de los pueblos originarios en los estados de San Luis Potosí, Jalisco, Oaxaca, Chiapas, Michoacán, Hidalgo y Puebla (Blanca Rubio / Resistencia campesina y explotación rural en México), y en particular, está íntimamente ligado a la lucha por la tierra comunal y el trabajo colectivo de Santa Fe de la Laguna de 1979. De igual forma, un análisis detallado de los 38 lienzos y carteles que representan la simbología y cedes del Kurhíkuaeri K’uínchekua, señala la grandeza de historia, resistencia, lucha y cosmovisión del pueblo p’urhépecha. (José Luis Soto / Arte y simbología del Año Nuevo P’urhépecha).

Los antecedentes históricos de la celebración, se remontan al pasado prehispánico, a la celebración Equata Cónsquaro, “que quiere decir de las flechas” donde se hacía justicia general por parte del Petámuti (historiador, sacerdote mayor y administrador de la justicia) a las mujeres y hombres que habían violado el sistema de justicia p’urhépecha, entre otros, los que habían dejado de traer leña para el fuego sagrado, los espías, los guerreros desertores, los médicos que habían realizado mal su trabajo, los infieles, los vagabundos y los improductivos. (Jerónimo de Alcalá / Relación de Michoacán).

En la época actual, la ceremonia se encuentra relacionada al solsticio de invierno, tiempo en que los pueblos p’urhé celebran al sol y al inicio del nuevo ciclo agrícola, registrándose en el cenit del paso de la constelación de Orión (Arado Joskua). En éste entorno, el 1 de febrero de cada año, se realiza una ceremonia de renovación del Fuego Nuevo (Ch’upiri Jimbaŋi) y el inicio del Juchári Uéxurhini (Año Nuevo p’urhépecha), ceremonia que se realiza con gran respeto, evocando emotivamente a los ancestros y las raíces de Juchári Ánchekuarhikua (Nuestro Trabajo), Juchári Kaxúmbekua (Nuestro honor comunitario) Juchári Jakájkukua (Nuestra cosmovisión) y Juchári P’urhéjkukua (Nuestro espíritu guerrero), lo anterior en honor al dios Kurhíkuaeri (Curicaueri, dios del sol, la guerra y principal deidad p’urhépecha). Etimológicamente, deriva de la palabra “kurhíkua”, que significa “fuego” y “eueri” de “eri” que quiere decir “somos” (genitivo), es decir, Kurhíkuaeri expresa las palabras: “somos fuego”, (Pedro Victoriano / Fortalecer los valores culturales que sustentan como pueblo a los P’urhepecha, objetivo de K’urhíkuaeri K’uínchekua). A las anteriores categorías, se suma el pensamiento ¡Juchári Uinápekua! (Nuestra Fuerza), expresión de la bandera p’urhépecha que sintetiza más de 500 años de resistencia, lucha y dignidad p’urhépecha.

En interpretación, somos hijos de Kurhíkuaeri, somos hijos del sol, pero también, pertenecemos a la naturaleza misma, somos un ente más en la tierra. Todos los seres humanos somos iguales, nadie es más o menos: Tierra es el cuerpo, porque me alimento de los frutos que la madre tierra da. Agua es mi sangre, que mi corazón recibe y envía por todo el cuerpo. Aire es mi aliento, porque lo respiro todos los días desde que nací hasta el día que muera y Fuego es mi espíritu, porque tengo vida y alegría, pienso y razono, tengo fuerzas y valor para gritar. (Pedro Marquez / ¿Ambé jindeski Kurhíkuaeri K’uínchekua? ¿Qué es Kurhíkuaeri K’uínchekua, la gran fiesta a Kurikaveri?).

Los principales símbolos de la celebración del K’urhikuaeri K’uinchekua son Kurhíkua (Fuego), Míndaskuarheta (Pierda Calendario), Anásïkukua (Bandera) y Ts´iríkuarheta (Baston), elementos que progresivamente se han ido incorporando conforme evoluciona la celebración (Concejo de T’erunchi Tamapu de Kurhikuaeri K’uinchekua).

De igual forma, la presente ceremonia da continuidad a la concepción de mundo y de tiempo que mantenían los antiguos p’urhépecha. Análogamente a otros pueblos mesoamericanos, el p’urhé contaba con sistemas de medición del tiempo ancestrales, por lo menos existían cuatro calendarios prehispánicos p’urhépecha:

A) Calendario Solar, que era de 18 meses, cada uno compuesto de 20 días, a cuya cuenta total se agregaban 5 días aciagos o funestos.

B) el Calendario Agrícola Lunar, dividido en 9 series de veintenas, componiéndose con el ciclo de Venus con los 13 primeros meses solares.

C) Calendario Astronómico, determinado por los movimientos celestes.

D) Calendario Ritual, que se desarrollaba en los 18 meses del calendario solar con días primarios de festejo rituales, se celebraban un total de 18 fiestas ceremoniales. (Pablo Alarcón / Etnología de los indígenas P’urhépecha).

La ceremonia actual K’urhíkuaeri K’uínchekua se realiza con solemnidad y respeto, se encuentra prohibido ingerir bebidas alcohólicas, consumir cualquier tipo de drogas y alterar el orden público. Así mismo, no se permite la intromisión de asuntos políticos, ni religiosos ajenos a la comunidad p’urhépecha. No se tolera la presentación pública de funcionarios federales, estatales, municipales o eclesiásticos. (Boletín de información sobre disposiciones en torno a la celebración del Año Nuevo P’urhépecha / Arantepacua /2016).

En síntesis, Kurhíkuaeri K’uínchekua es un movimiento que busca P’ískuntani desenterrar el pasado, Tanhaxutani apuntalar el desarrollo de saberes y prácticas, Uinhaskuntani fortalecer nuestras raíces, Mimixeni conocer el pasado, comprender el presente para sembrar el futuro (Manifiesto del Concejo Kurhíkuaeri K’uínchekuano a la intromisión de la iglesia católica, partidos políticos e instituciones públicas y privadas / 2019).

En el devenir histórico, Kurhíkuaeri K’uínchekua se ha convertido en la ceremonia y celebración autónoma más grande del pueblo p´urhépecha, sin embargo, año con año regidores, presidentes municipales, diputados,  secretarios de estado y burócratas de todo tipo y nivel, demuestran su oportunismo político, al querer utilizar esta conmemoración independente en propaganda política en su favor, más aún, únicamente posan para la foto y posteriormente se olvidan de las comunidades y pueblos originarios.

Finalmente, Kurhíkuaeri K’uínchekua como todo movimiento social y cultural histórico, mantiene diversas contradicciones internas que no le permiten mantener unidad orgánica y/o de acción, no obstante, estas deberán dirimirse internamente en la Asamblea General de Cargueros y Excargueros Kurhíkuaeri K’uínchekua que es la máxima autoridad de la celebración.    

Sedes de las celebraciones del Kurhíkuaeri K’uínchekua:

1.- Tzintzuntzan (1983). 2.- Ihuatzio (1984). 3.- Nurío (1985). 4.- San Andrés Tziróndaro (1986). 5.- Angahuan (1987). 6.- Pichátaro (1988). 7.- Tacuro (1989).8.- Santa Fé de la Laguna (1990). 9.- Cheranástico (1991). 10.- Ichúpio (1992). 11.- Cocucho (1993). 12.-Ucasánastacua (1994). 13.- Tarecuato (1995). 14.- Puácuaro (1996). 15.- Sevina (1997). 16.-Janitzio (1998). 17.- San Lorenzo Narhéni (1999). 18.- Tiríndaro (2000). 19.- Cherán (2001). 20.- Carapan (2002). 21.- San Juan Nuevo Parangaricutiro (2003). 22.- Pátzcuaro (2004). 23.- Caltzontzin (2005). 24.- Patamban (2006). 25.- Santo Tomás (2007). 26.- San Jerónimo P’urhénchecuaro (2008). 27.- Chilchota (2009). 28.- Uruapan (2010). 29.- Jarácuaro (2011). 30.- Conguripo (2012). 31.- Nahuátzen (2013). 32.- Tarejero (2014). 33.- Urícho (2015). 34.- Arantepacua (2016) y 35.- Huáncito (2017) y 36.-Naranja de Tapia (2018). 37 .- Cuanajo (2019). 38 .- Capácuaro (2020).

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