Ernesto Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 24 de septiembre.-El problema de la corrupción es tan grave y está tan arraigado que bien podría ir de la mano con el lastre de la inseguridad y violencia. Desde hace décadas el poder político se pervirtió tanto que desde ahí se alentó a la delincuencia como parte de una concesión de quienes hacían mal uso de los recursos públicos. Solo basta recordar al Negro Durazo y toda la escuela que formó.

Según Transparencia Internacional por primera vez en México hay avances en la lucha contra la corrupción. Zedillo, Fox, Calderón, Peña Nieto, siempre reprobaron esta prueba. “El Barómetro de la Corrupción, un mecanismo de Transparencia Internacional, dice en su reporte anual que fue dado a conocer ayer, que 61 por ciento de los mexicanos piensa que el gobierno de López Obrador está actuando bien contra la corrupción mientras 31 por ciento considera que lo está haciendo mal” (La Jornada, Enrique Galván, 24-09-19).

El ciudadano común, que ignora (aunque se imagina) lo que ocurre en las esferas del poder, sabe perfectamente que los policías municipales, estatales y federales, siguen extorsionando, Que hay oficinas  gubernamentales donde continúan los moches; que en las ahora llamadas fiscalías se mantienen los mismo vicios, porque aunque se cambie de titulares permanecen las mismas estructuras con los mismos vicios de antaño.

Tal y como lo dijo el presidente Obrador desde su campaña, la corrupción se iba a barrer como las escaleras, de arriba hacia abajo. Es evidente que ha tomado medidas para frenar  este lastren que permanecía en los gobiernos nacionales y que  casi siempre favorecía a grupos más acaudalados.

Sin duda hay avances, a pesar de lo que digan los detractores, pero como decía el Quijote, de que los pedros ladren Sancho…