Ernesto Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 19 de septiembre, 2019.-Dicen que los humanos nos acostumbramos a todo. En las imágenes de noticieros televisivos hemos visto en regiones árabes, cómo mujeres, hombres y niños se mueven entre escombros recién bombardeados. La ciudad de México así parecía aquella mañana de septiembre de 1985.

La zona céntrica fue la más dañada: edificios, hoteles, hospitales, zonas habitacionales se encontrabas destruidas, otras a punto de caer. La gente caminaba como autómata, simplemente no podía creer lo que estaba observando.

 Semanas después de lo ocurrido la vida siguió su curso; quienes laboraban en esa zona afectada todos los días observaban el edificio totalmente destruido  donde cientos de costureras fueron sepultadas por el concreto. Así se veía desde el Metro de la línea 2 (Tasqueña-Tacuba), a la altura de la estación  San Antonio Abad.

Debido a los derrumbes fueron cerrados las entradas y los pasajes que conectaban con la línea 1de Zaragoza a Observatorio. Solo se escuchaba los sonidos del silencio de los pasajeros del tren que miraban a ningún lado o simplemente se perdían un momento para tratar de no mirar esa misma imagen que estuvo presente durante años, porque el gobierno se negó a mover los escombros para rescatar los cientos de cuerpos de las costureras sepultadas por el sismo. Ahí sobre la Calzada de Tlalpan desde los vagones del Metro podías ver e imaginar cotidianamente cuántas mujeres estaban debajo de esas losas del edifico caído.

En cada estación de las líneas del Metro había cientos de fotografías de personas desaparecidas ese 19 de septiembre, que  se dirigían a su trabajo. En el rumbo de Pino Suárez y El Zócalo, donde hubo derrumbes en el Metro y que el gobierno siempre negó que hubera víctimas, pero la gente buscaba a sus desaparecidos.

Si caminabas por las zonas aledañas a la Alameda observabas montones de escombros, donde se encontraban los hoteles Regis y Del Prado; rumbo a Santa María la Ribera y la Colonia Roma, podías observar edificios destruidos y cuarteados que fueron habitados por decenas de personas, entre ellas mi amigo Daniel Ciprione.

En la calle Serapio Rendón, de la colonia San Rafael, había dos edificios habitacionales que se cayeron. Tardaron meses en remover los escombros. Al observar lo que quedaba de un auto en la parte más baja de la construcción no podías dejar de pensar en lo que fue de esas familias, o si habían logrado salir, porque el temblor había sido a las 7:19 horas, y muchos ya habían salido a trabajar.

Y si por alguna razón tenías que ir a Tlatelolco, la imagen del edificio Nuevo León sintetizaba toda la tragedia. Sin duda fue una de las imágenes más emblemáticas de aquel día. En total fueron más de 20 mil viviendas que sufrieron algún  daño y 5 mil 765 edificios públicos y privados.

Pero lo más desastroso fue cuando no enteramos que oficialmente fueron poco más de 3 mil personas fallecidas oficialmente, aunque datos no oficiales  hablaban de más de 10 mil, incluso de 20 mil personas caídas. Nos enteramos de los edificios que no fueron construidos con todas las medidas de seguridad.  Varias partes de la gran ciudad  quedaron como zona de guerra. Y así nos acostumbramos a caminar por esas calles.

Es cierto hubo mucha solidaridad de la sociedad civil, miles de personas que se sumaron a las labores de rescate, al grado de que el gobierno del entonces presidente Miguel de la Madrid quedó rebasado.

Es obvio que fueron más los edificios y viviendas que se mantuvieron en pie aquel día. Pero no volvió a ser la misma gran urbe, aunque ahí está, y sigue recibiendo a millones de personas más. Para muchos, aquel 19 de septiembre ya quedó lejos, aunque hace apenas dos años en la misma fecha se registró otro sismo, pero eso es otra historia.

Haber caminado por esa zona de desastre  en la Ciudad de México hace 34 años es algo que no acaba uno de asimilar, es por eso que no tenemos idea de lo que viven los pueblos que enfrentan una guerra, aquellos que viven en la destrucción cotidianamente. La  naturaleza y la condición humana son impredecibles.